Stephen King: microrelato

Por Yunuen Cuenca

Siempre me pareció exagerada la expresión morir de miedo. Es más, cuando empezó a hablar Strev, me reí y moví la cabeza para hacerle saber que no le creía. Él me miró muy serio. Somos amigos desde hace tiempo y jamás me había visto de esa manera. Pero lo entendí, al fin y al cabo era su hermano el que había muerto.

Strev y yo estábamos en una cafetería a mitad de camino entre las ciudades de Lewiston y Castle Rock, justo en el tramo donde la niebla es más densa. Pero lo más peligroso es el trecho del lago Thompson, pues durante la temporada de frío es muy fácil perder la dirección, sobre todo por el resplandor del agua hecha hielo, que hace que se confundan hasta los montes del cielo. Cualquiera podría perderse. También Ben, el hermano de Strev, que esa noche intentaba llegar a Castle Rock antes del alba.

Encontraron el auto de Ben muy cerca del lago. La puerta del conductor estaba abierta y había una cobija junto a una botella de ron en el suelo. El cadáver yacía unos metros atrás, como si Ben hubiera saltado del coche momentos antes de detener la marcha.

Strev dice que durante las noches en ese lugar, las estrellas brillan tanto que su luz parece cortar. Que uno no se atreve ni a respirar del silencio que hay y que al hacerlo duele. Que uno siente cómo el aire entra en el cuerpo y abre una grieta. Strev asegura que en ese lago sólo hay pesadillas y alucinaciones. Que hay a quienes les atormenta tanto la soledad que pierden la calma y se quitan la vida.

Cuando me lo acabó de contar, Strev pidió la cuenta. La mesera aventó la nota sin siquiera mirarnos. Entonces mi amigo se levantó, dejó un billete y se puso la gorra. Yo lo seguí. Al salir, los dos levantamos la vista como buscando el rostro de Ben en la niebla.

Caía el crepúsculo. Strev montó a su camioneta y se despidió tocando el claxon. Yo subí a mi coche y me dirigí hacia casa. No había manera de saber que esa noche Strev recorrería el mismo trayecto que Ben; que esperaría la noche y la niebla en el lago; que miraría las filosas estrellas salir de la oscuridad. Que encontraría la muerte como hizo su hermano semanas atrás, justo en la misma milla de la carretera 11 de Maine.

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2 Comments

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  1. May
    diciembre 7, 2013 at 10:11 am ·

    Muy bueno! Como todo lo que escribe el Maestro King! 😀

    • Carlo
      diciembre 7, 2013 at 1:20 pm ·

      Lo escribió Yunuen Cuenca ¿no? El relato se llama “Stephen King” y es un homenaje al escritor.

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