Por Julio César Sánchez

Hay algo que siempre echo en cara a internet. Siendo una herramienta casi imprescindible para cualquier periodista o aficionado al cine, tiene un componente que destruye uno de los grandes placeres que un cinéfilo (o cinefago en mi caso) puede darse: el poder ver películas que uno daba por pérdidas o imposibles. Hoy en día bastan unos cuantos clicks y un buen buscador y en unas horas tendrás prácticamente cualquier película y probablemente en tu idioma o con sus subtítulos correspondientes. En el camino algo de la magia se ha perdido.

Qué gozada era llegar a un videoclub que no era el tuyo habitual o que estaba en otra parte de la ciudad y encontrar aquella cinta que llevabas buscando años. O el gustazo de descubrir que en algún cineclub o filmoteca iban a poner aquella peli de terror de los 70 de la que habías oído hablar o leído en algún fanzine que era una verdadera joya y que pensabas que nunca podrías ver.  O cuando algún amigo viajaba a otro país y te traía una edición en video de una película que nunca se estreno en tu país. A los más jóvenes esto les sonara rarísimo pero a los que ya tenemos una edad, esto era el pan de cada de día.

Pero aunque parezca mentira todavía existen películas perdidas, ocultas y prohibidas. Las razones son múltiples: La pérdida o destrucción de los negativos originales, que no haya sido editada en formato domestico en ninguna parte del mundo, que los derechos del film estén en un limbo legal y nadie pueda distribuirla o proyectarla legalmente.  Hoy me dispongo a ver una de esas joyas. La segunda película del mítico Jesús Franco AKA Jess Frank, que para colmo hace un año de su triste desaparición justo cuando escribo estas líneas; LABIOS ROJOS.

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El lugar: La Filmoteca de Madrid que este mes recuerda el primer aniversario del fallecimiento del director, guionista, músico y actor Jesús Franco dedicándole un ciclo con algunas de sus películas más representativas como Gritos en la Noche, Miss Muerte, El Sádico de Notre Damme o Killer Barbys una tarea difícil, ya que la carrera de Franco abarca cinco décadas, 200 películas y todos los géneros posibles: del terror al cine negro, pasando por el cine erótico, musical y hasta el porno. Dentro de dicho ciclo se ha tenido la feliz idea de incluir su segunda película Labios Rojos. Una película que permanece prácticamente inédita desde su estreno en 1960, por temas legales está en un limbo que impide ser distribuida, apenas se ha visto en contadas ocasiones como hace unos pocos años en la filmoteca de París.  Al parecer solo existe una única copia, la que se proyectó hoy en la filmoteca. Por cierto en un estado bastante bueno si exceptuamos algunos fotogramas perdidos entre rollo y rollo.

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Bajo una lluvia torrencial unos pocos nos congregamos en el Cine Doré, sede la Filmoteca Española. La sala no estaba llena, lo que es una pena por que, como ya digo, esta era una oportunidad única. Allí pudimos ver algunas caras conocidas como el actor Antonio Mayans, amigo personal de Jesús Franco y colaborador suyo en decenas de películas o Enrique López Lavigne, productor de 28 Semanas Después y fan del cine del Tío Jess.

Ante tanta dificultad las expectativas en el que esto escribe eran altas, más teniendo en cuenta que no soy un fanático del cine de Franco al que le reconozco unas cuantas joyas en la década de los 60 (Gritos en la Noche es una de las precursoras del cine de terror español y una de sus cimas), otro puñado de títulos interesantes en los 70 y que no me interesa demasiado su filmografía posterior. ¿Merece Labios Rojos ser recuperada? Hell, yeah. Claro que sí.

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Labios Rojos es una comedia de enredo que mezcla cine negro, thriller y acción totalmente adelantada a su época que tuvo que lidiar con la censura para salir adelante. Rodada con verdadera precariedad de medios (el propio Franco tuvo que ser el operador de cámara, tras abandonar el rodaje este por impagos) sorprende la frescura de la puesta en escena. Encuadres aberrantes que por momentos recuerdan al cine expresionista alemán y, sobre todo, se asemejan a viñetas de un cómic. Porque eso es lo que es Labios Rojos un estupendo cómic de intrigas detectivescas hecho cine. Son evidentes las influencias de la literatura Pulp sobre todo en esos villanos de folletín.

La trama es muy sencilla (aunque se enreda y complica por momentos): Dos guapas jovencitas que se hacen llamar LABIOS ROJOS, trabajan como detectives privados persiguiendo criminales y entregándoles a la policía de forma anónima como si de Batman o Spiderman se tratara. Al recibir el encargo de recuperar un diamante robado el caso se complicara y empezaran a cometerse asesinatos y enredos dignos de la comedia slapstick que se alternan con tiroteos (todo lo violentos que permite la época) y unos diálogos chispeantes que le dan un ritmo ágil e iconoclasta (“esto debe estar a punto de acabar porque ya ha muerto casi todo el mundo”) y muy desenfadado. Porque ante todo es una película divertida, sin mayores pretensiones en la que todo es posible. Como ya he dicho muy cómic, muy pop. Algo a lo que en la fecha de producción no estaban muy acostumbrados.

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No hay que olvidar que es una película producida bajo la dictadura del general Franco y que se enfrentaba a un duro sistema de censura previa (sobre el guión) y posterior (sobre el montaje). Por lo que el director la esquiva con algunas frases del agrado de la censores, pero imprimiéndole una ironía realmente brillante. Evidentemente no es una película de denuncia, ni se le acerca, pero Jesús Franco se permite ser descarado, superficial y tratar temas impensables en la España de 1960 sobre todo poniendo especial cariño en el tratamiento de sus dos jóvenes protagonistas femeninas y sus alocadas vidas que no solo no escarmientan sino que son reincidentes. Tanto que 9 años más tarde el dúo protagonista pero con otras actrices protagonizaría después Bésame, monstruo y más tarde en El caso de las dos bellezas. Por oposición con otros personajes secundarios como el comisario interpretado por el mítico Manuel Morán, que no solo aporta humor sino que parecen servir a Franco para hablar de la España del otro Franco como delatan las irónicas palabras finales del comisario: “Mañana es domingo, misa de doce, cañitas y luego al fútbol”.

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