Tinta negra: Escuchar el miedo (2)

Por Roberto Coria

Hablaba de las maneras auditivas en que podemos sentir miedo, esa dulce sensación que saboreamos mejor con el abrazo de la oscuridad y recorre sin piedad nuestra espalda, como bien la identificaba William Castle en esa joya titulada El aguijón de la muerte (The Tingler,1959), con el inolvidable Vincent Price.

La literatura se ha encargado de hacer un gran trabajo en el transcurso de los años. Muy cercano a la emoción de leer un buen relato de horror, se encuentra escuchar su versión dramatizada, sea en el formato que se encuentre disponible. Evoca los temores de los primeros hombres, quienes se reunían en torno a una fogata para gozar colectivamente de estas narraciones. Recordaba el extinto programa En los cuernos de la luna, donde Iñaki Manero, siempre que la ocasión ameritaba, deleitaba a sus escuchas con la lectura de un relato fundamental. Así, nos presentó Los yugoslavos y El hombre que coleccionaba a Poe de Robert Bloch, o No se duerman en el metro, del mexicano Mario Méndez-Acosta, espléndido texto que se desarrolla en el doméstico sistema de transporte colectivo de esta capital. El estremecimiento que recorría mi médula en sus instantes finales no sólo es el mejor termómetro de una historia de su tipo, sino uno de los más gratos recuerdos de mi adolescencia.

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Muchos dirían que opciones como la que nos ofrecía Manero no existen en el panorama actual. Pero la verdad es que podemos encontrar una propuesta semejante desde hace más de 4 décadas. Escribo hoy, más como aficionado que como hermano, sobe Eduardo Ruiz Saviñon, hombre de Teatro cuyas pasiones nos hermanan desde hace más de 10 años. En una trayectoria impecable, congruente, se ha consagrado a explorar el miedo como otra forma de purificación. Lo demuestra una carrera de una vida donde ha dirigido, coescrito, sonorizado, musicalizado e iluminado una gran cantidad de montajes, que van desde clásicos de la literatura a historias creadas por autores contemporáneos. Por ejemplo, uno de sus primeros esfuerzos, Los inocentes de William Archibald, parte del magnífico relato Otra vuelta de tuerca de Henry James, considerado por muchos el mejor relato de fantasmas jamás escrito. Entre su repertorio se encuentran El vampiro estelar de Robert Bloch, El árbol de Elena Garro, El caballo asesinado de Francisco Tario, La declaración de Randolph Carter de Howard Phillips Lovecraft, La caída de la casa Usher de Edgar Allan Poe, Juegos profanos de Carlos Olmos, Los perros de Tíndalos de Frank Belknap Long, El Fantasma del Hotel Alsace de Vicente Quirarte, Asfódelos de Bernardo Couto, El niño Juárez de Ana Luisa Campos, La última cinta de Krapp de Samuel Beckett y El hombre que fue Drácula, texto dramático escrito por su servidor.

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Mucho de su trabajo puede escucharse en DescargaCultura.com (http://descargacultura.unam.mx), portal maravilloso de la Universidad Nacional Autónoma de México. Uno de sus más recientes, Renfield, el apóstol de Drácula, está a su disposición, con especial dedicatoria para los que no pudieron disfrutarlo en la edición de 2012 de Mórbido. Encarnado por el talentoso Guillermo Henry, entre los muros opresivos de un manicomio, Renfield cobra nueva vida, una digna y terrible como fue imaginado por Bram Stoker hace más de 100 años en la novela canónica de vampiros.
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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Es autor de las obras de teatro “El hombre que fue Drácula” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Escribe el blog Horroris causa. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.

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