Yo soy de esos que se emociona cuando reconoce un giño nerd del director en un filme, easter eggs les llaman, Pac-man escondido en Tron, el escudo de Capitan América en Iroman o el buzón que dice Peabody en Back to the future. Hace muy poco salté feliz de mi asiento mientras veía Dawn of the Planets of the Apes (El planeta de los simios: confrontación) por que reconocí en las manos de Alexander (Kodi Smit-McPhee) un comic. Pensé que serían unos segundos, soló un rápido easter egg que pocos verían, pero me equivoqué, fue toda una secuencia donde Alexander y Maurice se sientan a compartir la lectura. No fue un easter egg, fue un gigante y luminoso seguidor al libro de Charles Burns, Black hole.

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Black Hole es uno de los comics con más personalidad, solidez y profundidad que he leído en los últimos diez años. Un relato lleno de matices y subtextos, una personal búsqueda por mostrar qué fue esa época de mediados de los setenta. Charles Burns es – y no solo gracias a Black hole– una de las mejores voces del comic independiente, abrazado por el talento de Art Spiegelman (Mause) y su revista ochentera Raw, Burns desarrolló su identidad pulp y contrastante, aprendió a contar historias con los grandes y lo coronó con Black hole.

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“ ¿Qué harías si fueras un adolescente y descubres que tienes un extraño virus que te está convirtiendo en un monstruo? ¿Cómo afrontar esa terrorífica etapa mutante de la vida donde creces, te drogas y tienes sexo? ¿Cómo evitar caer es ese oscuro agujero negro? “

Chris Rhodes y Keith Pearson situados en los suburbios de Seattle, son los narradores y protagonistas de esta historia que en su momento fue contada en 12 entregas. Estos chicos –como cualquier adolescentoide- sufren los cambios de la edad y buscan hacer sus vidas de la mejor manera posible. Como cualquier chamaco, van a fiestas, fuman mota, tienen sexo y van a la escuela. Hasta aquí todo normal, pero mientras nos adentrarnos en la historia Chris y Keith nos dejan ver a través de sus amigos que lo que parece una simple historia de chicos traumados porque tienen granitos, se convierte en un historia de terror paranormal. En Black hole conoceremos la surreal verdad de estos chamacos imberbes en una época donde los gringos le dice adiós a lo hippie y se enfrentan a una nueva era.

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Burns manda llamar a los dioses de la novela gráfica para apropiarse del claroscuro y llevarnos por un vertiginoso camino entre lo clásico y lo indie, entre lo autobiográfico y el retrato social. Como si fuera una premonición, en la primera página del comic, Burns nos muestra el inicio de la clásica disección de una rana, pienso, para recordarnos lo que él va a hacer con su relato. Cortar finamente para después soltarnos de la mano y aventarnos a su caótico universo. Black hole es la disección de una época, el retrato de una adolescencia en búsqueda de identidad, de chicos que, como el mismo Charles Burns les tocó leer MAD, descubrir a Robert Crumb (fundador del cómic underground) y escuchar a David Bowie. Definitivamente Black hole es una novela gráfica que no deben dejar pasar. Un nuevo clásico del terror y la ciencia ficción.

Hace menos de un año se anunció que David Fincher y Plan B la productora de Brad Pitt adquirieron los derechos de la novela para llevarla al cine. En Fincher we trust.

Charles Burns quien hoy radica en Filadelfia, empezó a escribir su Magnum opus en 1994 pero vio la luz hasta 1998. Hoy se encuentra recopilada en inglés por Pantheon (tapa blanda y dura) y en español por La Cúpula como Agujero negro. Burns también es autor de los comics “El Borbah”, “Skin Deep” y “Big Baby”.

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