Homenaje a Wim Wenders en la 65 Berlinale

Por Fernando Moreno

Hace algunos meses, cuando homenajearon en el Festival de Locarno la carrera del inclasificable cineasta italiano Darío Argento, en esta columna señalaba el hecho como un acto de justicia. Hoy, cuando la Berlinale en su edición número 65 hace lo propio con Wim Wenders entregándole el Oso de Oro a la trayectoria, no puedo hacer algo distinto.

Wim Wenders Responsable de una basta y exitosa carrera que lo mismo cuenta con documentales sobre los más relevantes creadores contemporáneos (Buenavista Social Club, Pina) como con clásicos modernos en el campo de la ficción (París Texas, Las alas del deseo, Tan lejos y tan cerca, Hasta el fin del mundo) la obra de este autor alemán parece no tener límite.

Ayer, a sus 71 años presentó en el festival su más reciente largo de ficción rodado en 3D, “Everything will be fine”, al mismo tiempo que está nominado al Oscar de la academia de Hollywood en la categoría de  mejor documental por “La sal de la tierra” co dirigida con Juliano Ribeiro Salgado.

Al parecer, precísamente esa cualidad de moverse como pez en el agua en ambos terrenos, además de distinguirse por su interés en los nuevos formatos y tecnologías, son un rasgo distintivo en este genio que entró al mundo del arte por la pintura y se quedó en el cine para siempre. De aquellos años de juventud en París, y de una conocida obsesión por el encuadre, parece surgir su interés por experimentar con el uso del cine estereoscópico y su poder en la composición de primeros planos.

Arriesgada, propositiva, vanguardista y polifónica, la filmografía de Wim Wenders es un tesoro que, con el pretexto del homenaje y la retrospectiva que le dedica la Berlinale vale la pena revisitarse.

No hacerlo sería imperdonable y por lo pronto uno puede acercarse a revisar sus clásicos y “La Sal de la tierra” que se proyecta estos días en Ambulante.

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