Por Fernando Moreno

En medio de una nueva ofensiva de la crisis económica que azota Grecia desde hace años aterrizo de nuevo en Tesalónica para ver cine documental. A diferencia de lo que pudiera pensarse a primera instancia la no ficción puede estar más cerca del terror de lo que parece y muestra de ello es nuestro filme en cuestión: “Chimpanzee Complex”.

Dirigido por  Marc Schmidt  y construido a partir de la existencia de un centro de readaptación social para chimpancés que opera en Holanda, el documental retrata de una manera única los efectos que el maltrato y la convivencia con los humanos pueden causar en la especie.

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Así conocemos a Mojo, Macario o Regina que, tras llevar una vida dedicados al espectáculo o estar aislados como mascotas de personajes excéntricos, se someten a un proceso de reinserción en una comunidad.

De manera paralela descubrimos el trabajo de Patricia, Kelvin, Caro, Pablo o Fabrizio que, como cuidadores, veterinarios, psicólogos o etólogos que colaboran en la institución componen un relato coral de lo que vemos y de lo que está por venir.

Entonces sucede lo inevitable. La realidad supera la ficción y el documental se convierte en un thriller con elementos de pesadilla. Los registros de las cámaras de vigilancia y las opiniones de los humanos involucrados convierten la cinta en un problema más ético y filosófico que ambientalista o bien intencionado. Las preguntas superan a las respuestas y aparecen en la mesa conceptos como aislamiento voluntario, violencia innata o eutanasia.

Entonces, como pasa con el buen cine, nada es lo que parece y resulta que la historia trata mas sobre los humanos que los cuidan que sobre los propios chimpancés. Por eso y porque desde el documental también se puede causar terror. Por su inteligencia perturbadora y maquiavélica, “Chimpanzee complex” es una cinta que hay que ver. No hacerlo sería imperdonable.

Les dejo más detalles del proyecto y por aquí nos seguimos encontrando.

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