Dos resurrecciones fílmicas

La Motion Picture Association of America estableció la clasificación R –de Restringida– para cintas que, por su contenido de violencia gráfica, requieren que un adulto acompañe a los menores de 17 años para explicarles las situaciones que ven en pantalla. Esto me parece absolutamente absurdo en estos tiempos donde sólo basta que nos paremos frente a un puesto de periódicos para contemplar –en primera plana- el evento más cruento de la jornada o, en un horario estelar, contemplemos un sinfín de telenovelas inspiradas en la figura del narcotraficante. No vayamos tan lejos: en Internet o en los noticieros se ven cosas peores. Lo cierto es que todos los excesos son malos. Allá en 2004 se estrenó una película a la que fue colocada esta temible etiqueta y que hoy –Jueves Santo– es increíblemente relevante. La debemos al popular actor –convertido en director- estadounidense –que creció en Australia- Mel Gibson, hombre que en las sabias palabras de Homero Simpson nos enseñó que el suicidio puede ser divertido.

La escribió en colaboración con Benedict Fitzgerald y luego sus diálogos fueron traducidos al Arameo, Latín y Hebreo por el sacerdote jesuita William Fulco. Se tituló La Pasión de Cristo y fue controversial por todos los ángulos. Lo significativo para nuestros intereses es que, en opinión del crítico Ernesto Diezmartínez, inauguró un subgénero del cine de horror que podría denominarse Biblical Gore.

Las escenas donde su reconocido protagonista (encarnado por Jim Caviezel) es sometido a todas las atrocidades físicas posibles justifica la expresión “lo dejaron como Santo Cristo”. Pareciera que Gibson se regodea mostrándonos detalles que, como los mejores especímenes del gore, salpican de sangre la cámara. En perspectiva, esto se reflejó en su repuesta financiera. Los 30 millones de dólares que costó se convirtieron en más de 600. Se consideró la película de su categoría –las de la espantosa R- más taquillera hasta el estreno de Deadpool (Tim Miller) el año pasado. Y creo que la maravillosa Logan (James Mangold, 2017) las desbancará a ambas.

Han sucedido muchas cosas desde entonces. El laureado Gibson  (ganó un Óscar a Mejor Director en 1995 por Corazón Valiente) cayó en desgracia por sus escándalos de alcoholismo, drogadicción y violencia doméstica. Ni qué decir de sus declaraciones misóginas y antisemitas. No obstante, parece haber tomado un nuevo aire por su reciente trabajo en el drama bélico Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge). Aprovechando esto –y el enorme potencial económico de la nostalgia-, en noviembre de 2016 anunció estar trabajando en una secuela de La Pasión de Cristo, que se llamará apropiadamente Resurrección. En realidad, tiene todos los elementos para hacerlo. Según Gibson, se centrará en las consecuencias que emanaron del hecho que fundó una de las más poderosas religiones del planeta. No sé si nuevamente será estelarizada por Caviezel, pero sí estoy seguro que competirá con Enrique Rambal y su El Mártir del Calvario (Miguel Morayta, 1952) como un rito obligado esta temporada. Tanto Cristo como Gibson han demostrado su capacidad de regresar.

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.

Roberto Coria

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.
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