Al Maestro, con cariño

 

Una pequeña lección de Historia. El 15 de mayo de 1867 concluyó el sitio de la Ciudad de Querétaro, infame y vergonzoso episodio de la segunda intervención francesa en nuestro país. Ese mismo día, pero en el año 1950, el líder de la cristiandad Pío XII nombró al teólogo y pedagogo francés Jean-Baptiste de La Salle, elevado a la categoría de Santo en 1900, como “Patrón de todos los educadores cristianos”. Es por ello que el México institucionalizado cumplió lo pactado en la Primera Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas, realizada en 1943 en Panamá, para celebrar a todos los docentes. Lo mismo ocurre, en distintas fechas, en casi todos los países latinoamericanos.

 

Cada vez que la profesión me viene a la mente, visualizo el caso del Profesor James Moriarty (del que ya he hablado ampliamente en esta columna). Lo cierto es que sir Arthur Conan Doyle lo creó en 1893 con la expresa finalidad de asesinar a su personaje más afamado. Esto daba dignidad al crimen: Shelock Holmes no podía sucumbir a manos de un delincuente ordinario. “De cualquier pelado”, suelo decir. El escritor nos ofrece un retrato del Napoleón del Crimen:

Hizo una carrera extraordinaria. Es un hombre de buena familia y recibió una esmerada educación; tiene, además, por naturaleza, unas excepcionales dotes para las matemáticas. A la edad de veintiún años escribió un tratado sobre el Teorema del Binomio, que estuvo muy en boga en Europa. Fundándose en esto, ganó una cátedra de matemáticas en una de esas pequeñas Universidades nuestras y todo parecía indicar que tenía ante sí una brillantísima carrera. Pero ese hombre tenía una tendencia hereditaria de lo más diabólico. Llevaba en la sangre un instinto criminal que, en lugar de atenuarse, se acentuó, haciéndose infinitamente más peligrosos, debido a sus extraordinarias facultades mentales.

Y he ahí lo curioso. El Detective habla de “diabólicas tendencias hereditarias”. En mi experiencia, la “propensión genética a ciertas conductas” anula completamente algo llamado libre albedrío. El destino no está labrado en piedra. Hay trastornos que rebasan completamente cualquier voluntad, pero la maldad es un viaje. La conducta criminal es un constructo de factores biopsicosociales. O “una serie de eventos desafortunados”, como diría Lemony Snicket.

 

¿Qué fue lo que ocurrió en la vida del joven James Moriarty para que desviara su camino? ¿Cuál fue su modelo –su inspiración- más importante? Dicen que el alumno (a veces) supera al Maestro. Por ello debió ser una persona que dejara una impronta decisiva, alguien con un intelecto –por lo menos- similar y una visión semejante. Sé que esta duda existencial podría ser peligrosa en la era de las precuelas. No busco dar malas ideas a nadie. Y eso no es algo nuevo. En 1979 el escritor estadounidense Michael Kurland publicó la no tan conocida en estos rumbos El dispositivo infernal (The infernal device, Signet books), primera de nueve novelas protagonizadas por el Profesor. Lleva 9 entregas. Recientemente, el joven periodista y escritor defeño –avecindado en Guanajuato- Bernardo Monroy lo trajo a nuestras latitudes durante el porfiriato –en el período conocido como El Gran Hiato– en su cuento M (2016), donde ejerce su negativa pero fascinante influencia en un chico, justo como hiciera el antiguo oficial nazi Arthur Dussander –que se escondía con apellido es Denker– en la novela El alumno aventajado (Apt pupil, 1982) de Stephen King, llevada a la pantalla grande en 1998 por Bryan Singer, con un siempre eficaz Sir Ian McKellen en el papel principal.

Rindo pleitesía a aquellas personas –conocidas o con quienes nunca he cruzado palabra- quienes dieron cimientos sólidos a mis aficiones. Como aprendí del Criminalista erudito Rafael Moreno, “la razón y la imaginación son los ojos de la inteligencia”. Me honra decir que algunos de mis Maestros se apellidan Poe, Maupassant, Wilde, Conan Doyle, Stoker, Lovecraft, Bradbury, Matheson, Quiroga, King, Harris y Barker. Y no menciono a tantos otros –paisanos todos- de los que tengo el privilegio de su amistad y su enseñanza inmensa y generosa. Para ellos es mi mayor gratitud.

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.

Roberto Coria

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.
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