El refugio monstruoso

Sabemos que para muchas personas las cosas no volverán a ser como antes. Y aunque el ánimo no mejora para todos –al menos me pasa a mí-, tenemos la obligación de seguir adelante. No ayuda mucho al espíritu iniciar tu semana recordado que en el país del norte cualquier demente puede comprar un arma de fuego amparado por su Constitución. El horror de la ficción siempre será mejor que el de la realidad. Como una forma de catarsis, jamás de olvido, tratemos de retomar asuntos que estábamos tratando. Hoy, más que nunca, debemos aferrarnos a las cosas buenas. Recordemos lo que dijo el motivador de estas líneas. “La razón por la que estoy vivo, articulado y casi cuerdo son los monstruos”.

 

Unos días antes del enorme triunfo que todos aplaudimos el 9 de septiembre pasado, Guillermo del Toro concedió una entrevista al periódico Los Angeles Times, donde habló de La forma del agua, la película que motivó esa victoria. Desde su avance es evidente que su fuente de inspiración fue la cinta clásica La criatura de la Laguna Negra (Jack Arnold, 1954), la cual se incrustó en su cabeza (y su corazón) desde que tenía 6 años. “No como una historia, sino como una idea.  Cuando vi a la Criatura nadando bajo Julie Adams pensé en tres cosas: Hubba-hubba, esta es la cosa más poética que jamás veré y espero que terminen juntos”.

Como dije hace poco, la película fue producida en la última etapa de la era dorada de Universal Pictures y, a diferencia de sus antecesores, el inolvidable anfibio –conocido cono Gill-man– no fue creado por el talentoso Jack Pierce o por su sucesor Bud Westmore, sino por la artista Millicent Patrick. La criatura de la Laguna Negra es el más joven de los monstruos clásicos del estudio. A diferencia de sus hermanos mayores, no cuenta con antecedentes literarios. Tampoco es consecuencia de los excesos de la era atómica, como muchos de sus contemporáneos. Es simplemente un ser con un sustento completamente natural que escapó de la vista del hombre moderno hasta que éste invadió su hábitat –su refugio- en el Amazonas. En las escenas en tierra fue interpretado por el actor Ben Chapman y en las secuencias acuáticas por el nadador –convertido después en actor, director y guionista- Ricou Browning, quien ayudó al equipo de producción a encontrar las locaciones apropiadas en Wakulla Springs, Florida. Después de todo, conocía bien el lugar –era originario de ese estado-. Browning es recordado por ser el único actor constante en sus dos secuelas, La venganza de la Criatura (Jack Arnold, 1955) y La Criatura camina entre nosotros (John Sherwood, 1956). Una curiosidad de la segunda es que en ella debutó un joven actor de 26 años llamado Clint Eastwood, en el papel de un técnico de laboratorio de apellido Jennings y por el cual no recibió ningún crédito.

A pesar que La criatura de la Laguna Negra ha dejado una honda huella en la cultura popular, no ha sido explotada con la misma frecuencia que los monstruos fundadores de la camada. Posiblemente sus propietarios se dieron cuenta de ello y han sugerido la intención de integrarla al que llamaron su Universo Oscuro, que a más de uno ha decepcionado –y disgustado- por su carácter completamente mercantil, nada respetuoso con los orígenes del estudio, y que inició con el pie izquierdo en la muy reciente La Momia (Alex Kurtzman, 2017). Cuando el reclutador de talentos Henry Jekyll (Russell Crowe) da una visita guiada a las instalaciones de su organización anti-monstruos Prodigium al simpático militar Nick Morton (Tom Cruise), observamos en un contenedor la garra del ser, justo como sucedió el su presentación cinematográfica en 1954.

Una criatura semejante fue avistada tres años después en nuestro país por Espergencio Godínez de la Macorra y Macorro (Pedro de Aguillón), en el híbrido de comedia rural y cinta de horror El pantano de las ánimas (Rafael Baledón, 1957). En ella el mostrajo en cuestión resultaba ser un rufián disfrazado que era parte de un plan por apoderarse de las tierras de la zona, desenmascarado al final en el mejor estilo de Scooby-Doo. Pero todo es recompensado con creces con el número musical del gallardo Gastón Santos y su caballo Rayo de Plata, la mejor dupla heroica.

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico.

Roberto Coria

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.
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