Temporada de monstruos

“Salgamos un momento de los límites de lo vulgar, para volar hacia el Reino de la Fantasía”. –La madrina del Diablo (Ramón Peón, 1937).

 

La distancia te permite asignar a las cosas su verdadera dimensión. Los últimos 4 días han sido suficientes en este caso que ya es por todos conocido y celebrado. Nuestro compatriota Guillermo del Toro ganó la presea como Mejor Director que otorga la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood, conocido como Globo de Oro, por su décimo largometraje La forma del agua (2017) en su septuagésima quinta emisión. La cinta, que en septiembre del año pasado se hizo acreedora del prestigiado León de Oro del Festival Internacional de Cine de Venecia, fue nominada en seis rubros más: Mejor Película, Mejor Actriz (Sally Hawkins), Mejor Actriz de reparto (Octavia Spencer), Mejor Actor de reparto (Richard Jenkins), Mejor guión original (el mismo Del Toro y Vanessa Taylor) y Mejor partitura (Alexandre Desplat), obteniendo también éste último. Sobra decir que esto me causa la mayor satisfacción. Como dije en el pasado, no por la simple coincidencia de nuestra nacionalidad –ya sus amigos Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu lo recibieron-, sino porque ambos creemos fervientemente en lo mismo. En perspectiva, tras una carrera de un cuarto de siglo, son esas convicciones –y su enorme talento- las que le permitieron llegar a ese lugar. Las oportunidades no le cayeron del cielo. Luchó arduamente para conseguirlas. Vestido elegantemente de negro, como los héroes, subió al podio en el auditorio del hotel Beverly Hilton a recoger su trofeo.

 

Su discurso de aceptación nuevamente me hizo sentir un nudo en la garganta, y estoy seguro que le ocurrió lo mismo a más de uno de ustedes. La popular empresa mexicana Pictoline hizo una bonita infografía que lo resume a la perfección. “Desde niño, he sido fiel a los monstruos. He sido salvado y absuelto por ellos, porque los monstruos son los santos patronos de nuestra sublime imperfección y personifican la posibilidad de que podamos fallar y seguir viviendo”. Cuando los anfitriones, conscientes que la homenajeada –y poderosa- Oprah Winfrey había ocupado más tiempo del contemplado en el programa, trataron de interrumpirlo para compensarlo. Con justa razón, el tapatío se impuso. “Bájenle a la música, esperen un segundo. Me ha tomado 25 años llegar aquí, denme un minuto”. Y como remató, en algún lugar sobre todos los presentes, Lon Chaney sonrió orgulloso al contemplar uno de tantos triunfos de uno de sus devotos.

 

 

Los Globos de Oro son comúnmente considerados “la antesala a los premios Óscar”, el punto culminante de la “temporada de premios”. Por lo pronto, el próximo 18 de febrero contenderá en doce categorías en la entrega anual de los galardones de la Academia Británica de Cine y Televisión (BAFTA), incluidos Mejor película y nuevamente Mejor director. Estoy convencido que ganará otra vez. Muchos consideran que estos premios son banales, que el verdadero reconocimiento de un artista reside en sus hordas de admiradores. Estoy de acuerdo en cierta medida, pero también representan una validación ante la gran industria y los ojos del mundo entero. Colocan los reflectores sobre los géneros que amamos. Porque el horror y la fantasía no sólo son rentables por sus enormes posibilidades económicas, sino porque pueden engendrar verdaderas obras de arte. Por ello, cineastas como Guillermo del Toro merecen todos los vítores. Él reveló en redes sociales que coronó su noche de una manera mundana pero significativa: comiéndose unas hamburguesas. Si hubiera ocurrido en su natal Guadalajara, habrían sido unas tortas ahogadas.

 

Las nominaciones a los Óscares se anunciarán el martes 23 de enero. Pienso despertarme temprano para verlas. Mi fantasía de leer en sus futuros trabajos “The Academy Award Winner Guillermo del Toro” es cada vez una realidad más posible. La forma del agua estará presente en la ceremonia sin dudarlo. Convierto en una convocatoria formal lo que comencé como una broma. Cuando Guillermo del Toro suba al escenario a recibir su estatuilla dorada, vayamos todos al “Ángel de la Independencia”. Sé que el monumento en realidad es una Victoria Alada, pero también que el lugar suele adoptarse como punto de reunión en celebraciones colectivas. Y ésta tendría un verdadero significado. Después de todo, es “uno de nosotros”.

Les deseo a todos el mejor 2018.

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico.

Roberto Coria

Roberto Coria

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.
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