Por Alain Schettino

¿Qué razón lo suficientemente poderosa en esta vida podría motivarte a emplear hora y media de tu vida en ver una película setentera, co-producida por Filipinas y hecha con bajo presupuesto?

Si la respuesta es: por las interminables situaciones de humor involuntario que te esperan, pues estás en lo correcto, pero te faltaría mucho más.

Desde su tráiler podemos advertir rostros conocidos, fetiches de diversos directores de primera clase como Quentin Tarantino y Rob Zombie quienes  encontraron en el cine B un refugio a los convencionalismos de la época y, que como espectadores, lo adoptaron como una respuesta contracultural a la industria cinematográfica de su tiempo.

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Sid Haig, Pam Grier y Roberta Collins, ofrecen mucho más que su simple presencia, aportando como siempre actuaciones memorablemente graciosas que, aunque distan muchísimo de ser histriónicamente decentes, exudan carisma escena por  escena.

Una rolita funky entonada (si así se le puede decir) por la misma Grier nos sirve como preludio perfecto para el festival campy que estamos a punto de presenciar, cuando una nueva interna  sea  trasladada a un reclusorio escondido en las profundidades de la selva filipina y presentada sin preámbulos con sus bellas, exuberantes e irreales compañeras de celda (¡Toma eso Capadocia!) Todas con personalidades caricaturescas dignas del mejor de los ejemplares del sensacional de chalanes.

Ellas harán todo para conseguir lo que quieren, incluyendo pequeños favores sexuales a su frutero y dealer de confianza Harry (Sid Haig), cuarentón con  testosterona elevada que buscará a toda costa un poco de azúcar de las reclusas.

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Y sí, como suponemos  tendrán conflictos que irán desde luchitas en lodo en un campo de arroz, hasta peleas de comida al más puro estilo slapstick capulinesco. Lo que propiciará que la jefa de guardias imponga la fuerza bruta entre las presas como lo haría la Loba de la SS, o sea con castigos ridículos que sirvan como pretexto para múltiples  bubbie shots.

A diferencia de otras pelis del género, está es una obra redonda que quizá no trascienda los límites de su status de sexplotation, pero es una garantía total de que encontrarán absolutamente todo lo que buscan de una cinta de su estilo y un poco más.

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Como muchos de los trailers grindhouse pregonaban, aquí encontraremos acción y suspenso de principio a fin, situaciones over the top, y un perfecto balance entre buenas y pésimas actuaciones  para darle ese toque de humor involuntario que a todos nos gusta.

Si aún te faltan pretextos para echarle un ojo, quizá te convenza saber los nombres detrás de la cinta: Roger Corman el amo y señor de la serie B gringa y Eddie Romero el padre del cine de horror filipino como productores,  y el  precursor del blackxplotation Jack Hill como director.

The Big Doll House (1971)

Dirigida por Jack Hill

Protagonizada por Pam Grier, Sid Haig y Roberta Collins.

One thought on “Tour por la Isla Sangrienta: The Big Doll House”

  1. Me recuerda al “Entartete Kunst” (el arte degenerado) confiscado por los nazis en la II Guerra Mundial, donde obras de Picasso y varios impresionistas eran consideradas como una “basura” para el arte”. Hoy muchos de esos cuadros han alcanzado cifras millonarias en subastas alrededor del mundo… No se si estas películas algún momento alcancen esa notoriedad, sin embargo no dejan de ser divertidamente extrañas. Felicidades por la publicación

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