La diferencia entre vivos y muertos es que para los vivos el tiempo sigue corriendo, mientras que para los muertos queda detenido.

Esa es la idea que Shinobu (Hiroki Narimiya), el conserje que se encarga de desocupar el departamento en el que fue encontrado muerto un anciano solitario, le comparte a Asuka (Atsuko Maeda), la joven estudiante de enfermería que acaba de mudarse junto con su familia al edificio. También es la idea sobre la que Hideo Nakata construye The Complex, su más reciente película presentada en Mórbido Film Fest 2013.

Siguiendo la línea trazada por Dark Water (2002), el director japonés vuelve a tomar como escenario los complejos urbanos japoneses en los que el anonimato y la uniformidad es lo que reina. Solo que en esta nueva historia de fantasmas, no es ni en los objetos ni en los lugares donde habitan los espectros.

Inspirada por la cinta Let the Right One In (2008), The Complex nos presenta el infierno de no saber decir adiós.

Asuka escucha historias del edificio en el que habita. Dicen que es un lugar lleno de tragedias a la que se le suma la muerte del anciano. Ella fue la que encontró el cuerpo. Una noche, al regresar de la escuela, decide pedirle a su hosco vecino que ya no arañe la pared compartida, así que primero toca a su puerta y luego, al encontrar la puerta abierta, entra en su departamento.

Nakata San recibiendo la Calavera de Plata

Nakata San recibiendo la Calavera de Plata

La vida de Asuka cambia luego de descubrir el cadáver. Su familia, que no se enteró de los ruidos del departamento vecino con el anciano en vida, no le creen cuando dice que los ruidos no solo continúan, se incrementan.

Por alguna razón, cuando alguien cercano a nosotros muere, en lugar de pasar página solemos empeñamos en mantenerlo vivo volviendo hasta nuestro espacio más íntimo en un templo en su memoria.

¿Y qué logramos con eso?

Según Hideo Nakata con The Complex, solamente un fantasma que quizá solo quiera jugar con nosotros. Aunque también está la posibilidad de convertirnos en fantasmas en vida.

Y para eso último no hay exorcismo que valga.

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Written by Agustín Galván
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