Es innegable la importancia de la música en la vida ¿Por qué habría de ser diferente en el cine? Existe un vínculo estrecho entre ambos, tan es así que uno no se explica sin el otro.

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Hay grandes películas con poderosos soundtracks y otras tal vez no tan memorables, pero aún se recuerda la banda sonora. Cada sala de cine tiene sus bocina e incluso cuando se le llamaba cine mudo por las complicaciones tecnológicas de empatar audio e imagen, una agrupación o solo un pianista se presentaba a la par de la proyección.  Simon Boswell recorre precisamente estas frecuencias, las que percibimos con nuestros oídos, no con los ojos.

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La diferencia que existió en la velada Mórbida que experimentamos el sábado también tuvo presencia visual, Boswell tocando en vivo las canciones con las que  musicalizó  Phenomena (1985) Demons II (1986) Santa Sangre (1989) y Hardware (1990).

El show comenzó con un set de guitarra acústica digno de un teatro como el Emperador y, aunque al principio no se vio acompañado por sonidos percutivos, cuando llegó Close Your Eyes donde aparece la voz de Alejandro Jodorowsky, todo cambió. Boswell se levantó y el performance de trovador sentado cambió  por uno de rock setentero, tonadas country acompañadas por un peculiar poema de Hardware recitado por Richard Stanley, para terminar con dos canciones tocadas con guitarra eléctrica que nos recordaron aquellos solos explosivos y glamurosos.

Tener a Simon Boswell arriba de un escenario es una experiencia inolvidable, pero que se proyecten imágenes de las películas que sonorizó le da un valor fuera de toda frecuencia. Digamos que escuchar una vibrante guitarra eléctrica con un track pre-grabado mientras se proyecta a un chimpancé cortando la cara de un villano propio de un filme de Argento, fue una verdadera doble arremetida a nuestros sentidos.

 

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