Por Alain Schettino

Si en tu niñez o en algún estado inconveniente te preguntaste cosas como: ¿Qué pasaría si El Santo peleara contra Spiderman? ¿Quién ganaría? ¿En verdad los turcos hacen cine? O cualquier tipo de cuestionamientos derivados, entonces en definitiva necesitas rehabilitación… pero antes tienes que  ver esta película.

Una ola de asesinatos golpea la ciudad de Estambul, las autoridades saben perfectamente quién es el autor intelectual… o al menos su apodo, El Hombre Araña, y no, no nos referimos a algún pseudónimo típico del cine negro, sino al mismísimo no tan amigable vecino “Spidey”.

Impotentes ante la ola de crímenes perpetrados por la banda de éste, las autoridades deciden combatir fuego con fuego y llamar a los únicos hombres capaces de detenerlo: Capitán América y El Santo.

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Si cuestionas  la coherencia de la trama, he de defender  la lógica del director al formar dicho team up, basta revisar el currículo del Santo enfrentando todo tipo de  sádicos y maltrechos entes, desde vampiras topless hasta nazis tropicales, ¡vaya! no hay pero que valga para cuestionar la presencia de nuestro héroe  en esta historia.

Y del Capitán América ni hablar… todos sabemos que siempre tuvo antagonismo con El hombre Araña, y esta será la mejor manera de poner punto final a la dicotomía marveliana.

Pero el sadismo de nuestro villano cobrará varias vidas más antes de librar la épica batalla final, sembrando el terror entre sus enemigos con torturas dignas del Medievo; utilizando las aspas de un pintoresco bote pesquero para hacerle un bonito corte de cabello (y de cabeza) a una mujer,  un doble empalamiento al estilo Jason Vorhees a una pareja de tórtolos; y usar a un pobre hámster para curar las cataratas (arrancarle los ojos) a un desdichado hombre, truco que seguramente aprendió en sus años académicos  en la facultad de oftalmología de Estambul.

No puedo incitarte a ver esta cinta  porque  aún me cuestiono sobre sus efectos secundarios, sin exagerar no creo que sea gratuito reírte tanto de la desgracia de otros. Seguramente el karma me hará pagar algún día, pero mientras eso ocurre, espero que ustedes se den la oportunidad de burlarse y sentir la pena ajena que yo sentí al contemplar tantos sinsentidos en una sola película.

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