Por Jesús Chavarría

Y pensar que todo surgió durante un viaje en avión, cruzando el océano para llegar de un continente a otro. Bastaron unas cuantas copas de más, espasmos mentales con imágenes provenientes de películas como King Kong (1933), Lost World (1925) y The Beast from 20,000 Fathoms, y el productor japonés Tomoyuki Tanaka, tuvo el material suficiente para unirse al director Ishiro Honda y al especialista en efectos especiales Eiji Tsuburaya, para entregar al mundo al que sería conocido como el único e inigualable Rey de los Monstruos, el máximo representante del cine kaiju, el mismísimo Gojira o Godzilla, como se le conoce en occidente. Así pues, se podría decir que la célebre lagartija radioactiva, fue resultado de una especie de resaca “creativa”, y rugió tan fuerte, que hasta hoy ha sido protagonista de casi una treintena de películas, varias series animadas y un buen puñado de cómics.

Se trata de una devastadora e imparable criatura, que pasó de ser considerada una metáfora sobre los estragos emocionales dejados en la sociedad nipona por la segunda guerra mundial –en específico por los ataques atómicos en Hirosima y Nagasaki-, a inaugurar un insólito catch fílmico, peleando contra toda clase de colosos furiosos. Su lista de rivales incluye desde el legendario King Kong y una versión robótica del mismo, hasta la otra creación de Honda -el reptil volador Rodan– o Biollante -una flor mutante-, ni más ni menos.

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Sin duda es una verdadera estrella del entretenimiento, una que sobrevivió la transición del blanco y negro al color, y dio el brinco de los trajes de hule y las maquetas, al campo de lo digital, de la mano del todo poderoso Hoollywood. Pero nada se compara con el encanto artesanal de sus mejores años, ese que en su momento hizo explotar la imaginación de distintas generaciones, como las de Guillermo Del Toro y Bon Joon Ho, entre otros, hoy gigantes del cine fantástico. En este 2014, Godzilla alcanza seis décadas de existencia, y regresa a la pantalla grande, mostrándonos que nunca se debe subestimar la trascendencia de una botarga, una radioactiva por supuesto.

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