Por Cristina Urrutia Aldrete

Las pesadillas son normales para cualquiera, suelen asaltarnos en el momento más profundo del sueño cuando estamos indefensos y la posibilidad de despertar es casi inaccesible.

Existieron dos movimientos artísticos importantes que consideraron al sueño como una de sus primicias, el primero se refería al paraíso onírico como la libertad en sí misma; el otro, influenciado por el psicoanálisis, lo consideraba relevante debido a que se les define como las impresiones del inconsciente.

El primero, el cual nos interesa, es el Romanticismo. Éste fue un movimiento intelectual surgido en Alemania e Inglaterra, sin por ello dejar de influenciar a otras zonas de Europa. Ante el inminente desarrollo de la industria y de la mecanización del comportamiento humano, mezclado con la tendencia estética del neoclasicismo (en el cual se retomaron los cánones griegos); surge una generación de escritores, compositores y pintores que buscaron una alternativa y una forma de protesta hacia este riguroso estilo de vida utilizando para ello, la contraparte de lo que se buscaba en aquella época: el terror, lo sobrenatural, la fantasía y lo sublime de la naturaleza con el fin de encontrar una vía de libertad, y dar rienda suelta a las pasiones y los sentimientos.

Se considera que el Romanticismo inició a finales del siglo XVIII y terminó a principios del siguiente siglo, se estima que Edgar Allan Poe fue su último representante.

Henry Fuseli (1741 – 1825) fue un pintor nacido en Suiza y años después radicó en Inglaterra. Se considera a este personaje como uno de los prerrománticos; este concepto es utilizado para aquellos artistas (en el amplio sentido del término) que comenzaron a incursionar con las características del romanticismo a comienzos y mediados del siglo XVIII antes de que el movimiento explotara en todo su esplendor.  En este período, específicamente en el ámbito de la pintura, comienza a ser más evidente el uso de elementos fantásticos, si bien con un poco de absurdo y burla, las representaciones se vuelven cada vez más atrayentes para la imaginación.

La pesadilla (1871) representa no sólo el hecho de que un demonio está posado en el pecho de una bella mujer, provocando, aparentemente, una pesadilla; sino que se trata de un íncubo, criaturas que además de crear malos sueños suelen tener relaciones sexuales con sus víctimas, cuestión por la cual es posible apreciar que la fémina no se encuentra en un estado de desesperación, más bien de sumisión. Detrás de ellos se encuentra un caballo, símbolo de la masculinidad, ciego, impulsado por el deseo sin raciocinio. El cuadro compone lo que Mario Praz denomina como  “belleza medusea, la belleza de los románticos, entretejida de dolor, corrupción y muerte.”

John_Henry_Fuseli_-_The_Nightmare

Se dice que esta pintura está dedicada a Anna Landolt, uno de los grandes amores del pintor, la cual se encontraba comprometida en el momento de su encuentro y lo rechazó; es decir, se trata de la representación de la desesperación lujuriosa de un hombre por poseer a su amada.

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