Por Alain Schettino

Indonesia es un país insular alejado geográficamente del resto del continente asiático, una cultura constantemente expuesta a la disyuntiva entre asimilar influencias externas o aislarse y mantener sus tradiciones intactas.

Una nación que pregona pluralidad desde su lema Bhinneka Tunggal Ika (“Unidad en la diversidad”) pero en la práctica luchó y se debatió entre ideologías, dogmas y violencia.

Todas estas características dotaron  a su cine de una identidad particular, tan particular que en ocasiones rayó en lo inverosímil.

Desde sus orígenes, la creación cinematográfica del país  estuvo estrechamente ligada  a la situación política y sus acontecimientos históricos. Las primeras cintas  fueron de manufactura holandesa y fueron filmadas durante el periodo de colonización en el archipiélago. Más que un negocio, la  intención fue  incrementar los conocimientos de los neerlandeses sobre sus posesiones.

La primer película  fue: El Mono Hechizado Lutung Kazurung (1926) G. Kruger y L. Heuveldorp. Adaptación de un relato popular sobre una princesa rescatada por un mono que en realidad es hijo del rey del cielo. Dicha cinta fue actuada en su totalidad por neerlandeses debido a la renuencia de los nativos a ser filmados, ya que  aparecer ante una cámara era pésimamente visto según sus tradiciones.

Después de este periodo, el cine indonesio basó la mayoría de sus historias en el teatro popular y tomó influencias del cine de Hollywood de la época, es decir, una mezcla entre números musicales, rituales e  historias míticas, esta combinación se convirtió  un negocio altamente exitoso y redituable durante varios años.

Pero la industria encontró un boom alrededor de los años 60, produciendo historias libremente basadas en personajes de la literatura fantástica y el cómic, algunos ejemplos son Srigala Hitam, (El chacal negro) personaje inspirado en El Zorro, así como: Alang Alang, versión indonesia de Tarzán. Además de rip offs de películas de artes marciales hongkonesas. Todo este bagaje dotó a sus cintas de una estética muy particular, repleta de  música, acción y personajes fantásticos.

Otro momento cumbre fue la llegada del cine de explotación, propiciado por una combinación de factores como la independencia del país, la influencia del cine europeo, y los laxos códigos de censura. Muchas de estas películas fueron híbridos entre el folclore local y las tramas del cine occidental de la época.

Más allá del plagio descarado, los indonesios tomaron elementos clave de los blockbuster norteamericanos y los utilizaron como pretexto para desarrollar sus propias historias, las cuales en algunos casos tuvieron resultados bastante decentes. Además claro, de contar con la sagrada triada del cine de explotación “sexo, acción y violencia” a granel.

Filmografía Básica:

American Hunter (1990), The Devils Sword (1984), Jakarta (1988), The Fox (1981), Jungle Heat (1988), Jungle Virgin Force (1988), Lady Terminator (1987),  Primitif (1980), The Warrior (1981), Satan Slave (1980), Virgins from Hell (1987).