Normalmente estamos acostumbrados a presentar personajes de carne y hueso, por lo que esta semana esperemos no sacar el clutch demasiado rápido con esta entrega. Christine es una belleza de los años cincuentas con faros en lugar de ojos, asientos de piel en vez de una sedosa cabellera y pintura roja que no le pide nada a una piel libre de imperfecciones. Así es, hablamos de un coche  con alma de persona.

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Christine aparece en el libro y película homónima, el primero escrito por Stephen King y la segunda dirigida por John Carpenter. La historia narra la el acontecer de Arnold “Arnie” Cunningham, un chico enclenque con muy poco éxito social en la cultura preparatoriana americana de los años ochentas. Un día, mientras camina con su amigo de la infancia nota que un coche cincuentero casi en ruinas está a la venta por $250 dólares y surge el amor a primera vista. Como buen adolecente, Arnie va en contra de la opinión de todos y compra el auto. Después de repararlo, ambos hacen uno mismo y comienzan a vengarse de todos aquellos que dañaron al chico, como si Christine defendiera a su dueño, es cuando la matazón comienza.

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Christine es un clásico auto de la década de los cincuentas, marca Plymouth Fury producido por una corporación automotriz de Detroit. El modelo es de 1958, es rojo brillante con líneas blancas a los costados que empatan el color puro del techo. Estamos hablando de uno de los pioneros de los Muscle Cars, un V8 que rugen cuando aprietas el acelerador.

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Aunque un objeto inanimado, Christine tiene una alma perversa que consume la vida de sus dueños. Antes de conocer a Arnie, el auto pertenecía a un hombre que se suicido ya que su esposa e hija murieron dentro de ella al intoxicarse con monóxido de carbono.

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Es común que los dueños de Christine desarrollen una obsesión por la maquina, al grado de parecer enamorados de ella. La música que toca su radio es solo rock & roll de los cincuentas, lo que hipnotiza a Arnie y lentamente transforma su actitud de niño nerd por una de joven arrogante, presumido y temerario, sin tan solo sus dueños se regeneraran como ella no tendría nada de peligroso ser dueño de Christine.

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