Por Cristina Urrutia Aldrete

Durero (1471 – 1528) es conocido por su gran talento que le permitió realizar grabados fenomenales en donde los detalles precisos llaman la atención.

Su contexto histórico es el fin de la Edad Media y el principio del Renacimiento, momento en que la sinergia de ideas y nuevas visiones tuvieron lugar; la lucha de la Reforma y Contrareforma católica, el auge de la demonología como ciencia, la caza de brujas y herejes, y, por supuesto, aún el miedo al fin del mundo que se había hecho presente en la transición del año 999 al 1000. Aún persistía la sospecha de que el creador podría hacerlos desaparecer en cualquier momento, por eso, lo mejor, era seguir rezando.

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, son personajes famosos dentro de la cosmovisión católica, ya que son las alegorías de los miedos, quizá, más profundos de la sociedad humana.

El primero lleva en su mano un arco y flechas, según la biblia, está montado sobre un caballo color blanco y está destinado a vencer. Existen muchas interpretaciones acerca de este personajes, por un lado se mantiene que representa el bien y los alcances que ha logrado la religión católica; por otro lado se dice que precisamente es el líder, aquel que se dispone a conquistar. En este caso, al parecer, la última definición parece ser la correcta ya que no muestra el menor interés en detener su galope por encima de la humanidad.

El segundo trae por arma una espada y está montado sobre un caballo rojo, su tarea es “desterrar a la paz de la tierra”, simboliza la guerra y la matanza entre hombres; el color de su montura aún tiene las connotaciones griegas y romanas.

El tercero sobre su animal color negro y con una balanza como alegoría de la crisis económica que sus compañeros provocarán, el hambre se hace imperante y es sólo cuestión de tiempo antes de que la muerte llegue. Tras de él está el último jinete, el más temido, su bestia es delgada y nauseabunda, igual que él mismo, es el encargado de que los cuerpos caigan a la putrefacción y al “Mundo del Abismo”.

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La gente trata de huir de ellos, no pueden lograrlo, son alcanzados y pisoteados, el fin es inevitable porque, según las sagradas escrituras, es Dios mismo quien manda la destrucción para purificar a la humanidad, él es el alfa y el omega. El ángel en primer plano es el guiador o, tal vez, un defensor de aquellos realmente puros.

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