Han pasado exactamente 17 años desde que murió Carlos Enrique Taboada. Su nombre, para los más jóvenes, podría relacionarse solamente con los remakes de sus películas, pero su carrera y obra constituyen un legado que representa una piedra angular en la construcción del cine mexicano de género.

Era 1968 cuando se estrenó Hasta el viento tiene miedo, película que significó el inicio de una importante tetralogía de terror con la cual se presenta Taboada. Después, en 1969, El libro de piedra significaría un acierto y confirmaría la sensibilidad de su director por los temas oscuros. Algunos años más tarde, regresó a su pasión con la película Más negro que la noche y concluyó la obra de su vida con Veneno para las hadas, de 1984.

Herencias malditas, criaturas fantásticas, brujería, fantasmas, todos los elementos recurrentes en el cine de género se conjugan de forma inteligente, con repartos acertados y guiones sencillos que cautivan al espectador y logran un horror sutil y eficaz. Eso lograba el cine de Taboada, enfrentarnos con nuestros miedos.

Guionista, realizador y estudioso del terror, Taboada narraba desde el suspenso, terribles historias con maestría. Las imágenes de sus películas se llenaban con mujeres, animales y conflicto. Cuentos de terror, supersticiones, leyendas, pesadillas, eran la materia prima para su quehacer cinematográfico.

Mórbido y el Instituto Mexicano de Cinematografía juntaron algunos seguidores, para quienes su obra significa un referente en el trabajo de sus vidas, y lograron encerrar un trozo de alma de Taboada en un libro. Ahí nos muestra su afición por los animales, nos habla de las mujeres en sus historias y el rol protagónico que significaban, de cómo es regresar y explicar esas películas para nuevas generaciones, de la vida y obra de Carlos Enrique Taboada.

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