Dick y Perry

Por Bernardo Esquinca

¿Cuánto influye el azar en un crimen? ¿Qué acontecimientos se acomodan –o desacomodan– para que un suceso tenga final sangriento? Al analizar la minuciosa reconstrucción de la cadena de hechos que deriva en tragedia, se puede determinar que algunos crímenes parecen capricho. Es decir, hubiera bastado un mínimo giro, algo tan sencillo como el encuentro de dos amigos, para que los titulares no se tiñeran de rojo.

Dick y Perry

Dick y Perry muestran sus tatuajes

            En su clásica A sangre fría –esa catedral de la narrativa estadounidense del siglo XX– Truman Capote se dio a la tarea de recopilar todos los detalles que rodearon un hecho sin sentido: el homicidio de cuatro integrantes de la familia Clutter, en el hasta entonces idílico pueblito de Holcomb, una comunidad rural del estado de Kansas. La historia es sumamente conocida, y ha sido llevada al cine en más de una ocasión. Lo que aquí nos atañe es la asombrosa cantidad de azares que se conjuntaron para que los asesinos cumplieran su cometido, en la madrugada del 15 de noviembre de 1959.

            Dick y Perry, descastados y ex convictos, con pasados familiares de abuso y suicidio, se conocieron en la Penitenciaría Estatal de Kansas, en la que fueron encerrados por delitos menores. De ahí salieron para planear un “golpe” que les permitiría realizar sus respectivas fantasías: trasladarse a las playas mexicanas donde vivirían buscando tesoros (Perry) y seduciendo chicas (Dick). La idea se la proporcionó a Dick, de manera involuntaria, un convicto que trabajó años atrás en la granja de Herbert Clutter. Floyd Wells le afirmó que su antiguo patrón era un hombre próspero, y guardaba mucho dinero dentro de la caja fuerte de su despacho. Como es sabido, cuando los ladrones finalmente entraron en la propiedad, se llevaron la sorpresa de no encontrar semejante botín, pues el señor Clutter jamás cargaba dinero en efectivo. Un cuádruple asesinato inició su camino por un desafortunado malentendido. Lo más absurdo fue que Wells no tenía ningún rencor hacia su ex jefe, y que contó aquellas cosas como una plática espontánea entre compañeros de celda.

            Hay otras situaciones de incomprensible azar. Tanto Dick como Perry sufrieron terribles accidentes antes de conocerse –el primero dentro de un automóvil, que le causó serias lesiones en la cabeza, y el segundo a bordo de una motocicleta, que le dejó parcialmente lisiado- que no fueron suficientes para truncar su futura carrera como criminales. Además, Perry –quien aceptó durante el juicio haber sido el único que disparó la noche de los hechos–, tuvo un grave altercado con su padre, un ermitaño que vivía en Alaska. Al calor de la discusión, el padre tomó un arma y jaló del gatillo en dos ocasiones, pero ésta se atascó. Como resultado del ataque frustrado, Perry fue expulsado de la casa.

            Cuando planeaban el robo de la graja de los Clutter, Dick le insistió a Perry que no debía haber testigos, y que por lo tanto matarían a todos los integrantes de la familia. Sin embargo, a la hora de la hora, Perry se dio cuenta que Dick fanfarroneaba: no tenía la intención de asesinar a nadie. En medio de la adrenalina del momento y de una súbita rabia ante el embuste de su cómplice, Perry quiso dejar claro que él sí poseía las agallas, y procedió a matar a los Clutter con la sangre fría a la que alude el título de la novela. Una absurda demostración de valor fue parte de las circunstancias que rodearon al crimen.

            Hay, sin embargo, una anécdota más, un hecho que por encima de todo lo mencionado da mucho que pensar sobre el accionar de la casualidad en las tragedias. Perry aceptó el “golpe” que le propuso Dick porque significaba regresar a Kansas City, donde estaba Willie-Jay, un antiguo compañero de la prisión al que consideraba su mentor. La idea de Perry era encontrarse con su gurú, y dejar plantado a Dick con su atraco. Pero nuevamente el destino intervino en contra de los Clutter: Willie-Jay ya se había marchado de Kansas –tan sólo cinco horas antes de que Perry llegara–, así que el plan del robo continuó. Si los amigos se hubieran encontrado, probablemente los Clutter hubieran vivido muchos años más.

            ¿Azar, destino, casualidad? En realidad pareciera que hay alguien, acaso una entidad suprahumana que mueve los hilos detrás de este tipo de sucesos con un propósito que nos rebasa. Y que nosotros no somos más que las marionetas de carne y hueso cuyos pasos dirige hacia el abismo.

Bernardo Esquinca. Narrador. Es autor de Belleza roja, Los niños de paja y Demonia, entre otros libros del género de terror y fantástico.

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