Por: Luis García Roiz

Producto del estudio japonés Toho y dirigida en 1954 por Ishirō Honda, Gojira fue una película fundadora de dos géneros en el cine asiático: el Kaiju y el Tokusatsu, el cine de monstruos y de efectos especiales. Sesenta años después de su estreno, ahora le toca el turno de mostrar al monstruo en la pantalla grande al británico Gareth Edwards, después de haber realizado de una manera casi casera Monsters, su primera película en donde incluso él hizo los efectos especiales. Y ahora es una responsabilidad grande, después del fracaso de la cinta de 1998 de Roland Emmerich, en la que el monstruo parecía una lagartija gigante y Matthew Broderick salía como un científico ñoño que rayaba en lo patético. En esta nueva entrega, se nota que Edwards es fan del género, y se nota mucho la influencia de Steven Spielberg, sobre todo con Tiburón. Spielberg ocultaba al monstruo casi toda la película y nos dejaba todo para el final, influencia que también se nota en el cine de JJ Abrams.

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Este Godzilla, a diferencia del de hace 16 años, es más apegado al original, pero ahora nos muestra nuevas influencias, como el accidente en Fukushima y los problemas ecológicos. Una emisión de radiación extraña en las Filipinas despierta la curiosidad del científicos japonés Ichiro Serizawa (Ken Watanabe) quien decide ir junto con su asistente a investigar la zona de detección. Al llegar ahí, descubren una especie de espora parásita y el esqueleto de un monstruo gigante. Mientras tanto, en Japón, los ingenieros Joe y Sandra Brody (Bryan Cranston y Juliette Binoche) trabajan en una planta nuclear muy parecida a la del desastre en Fukushima. Al notar una serie de temblores poco comunes, deciden inspeccionar la causa y a partir de esto se desata una calamidad que los afectará para siempre. Quince años después, su hijo Ford regresa a Japón por su padre, quien es arrestado por haber traspasado los límites de seguridad del área urbana cercana a la planta nuclear y que ahora es una zona de desastre, convencido de que el origen de éste fue por causas no naturales. Ahí descubre que la causa de todo fueron unos seres que están contenidos en secreto, alimentándose de la radiación existente. Godzilla emerge posteriormente como el monstruo que trae balance, como lo define bien el propio Dr. Serizawa. El soundtrack de Alexandre Desplat es una de los aciertos de la película, en la cual el actor principal es el propio monstruo. Lo mejor son los minutos finales de la cinta, la cual nos muestra en su plenitud el combate del monstruo y su némesis. Si acaso existe una moraleja más allá del entretenimiento y el espectáculo visual, es el ecologista, que lo puede resumir el mismo Watanabe en su diálogo sobre la naturaleza y el control que nosotros pretendemos ejercer sobre ella. Godzilla 2014 es para fans del género y para quienes quieran divertirse viendo kaijus destruyendo ciudades.

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