Por Jesús Chavarría

La más reciente cinta de Godzilla, pese a que resulta inconsistente –sobre todo en lo que se refiere al desarrollo del drama humano, que debería sustentar el espectáculo- funciona a distintos niveles, los suficientes para dejar satisfechos a gran parte de los fans y obtener excelentes resultados de taquilla –mismos que ya aseguraron una secuela-. Esto se debe a que el director Gareth Edwards, pese a las deficiencias que dejó entrever, supo entender lo que implica y representa la existencia del kaiju más famoso de todos –que va más allá de si se ve gordo o no-.

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Es por eso que no necesariamente es una mala noticia, que haya sido anunciado como el director de uno de los spin-off de la que quizás sea la saga más famosa del cine, Star Wars. Y es que más allá de su capacidad como artesano fílmico en ciernes –que aún está en camino de consolidar-, parece poseer uno de los principales requerimientos para acercarse a un proyecto de tal magnitud, que es la humildad para sumergirse en él concepto original, desmenuzarlo y reinterpretarlo con respeto, muy en la línea de lo que hizo J.J. Abrams –hoy a cargo de la secuelas de la cronología principal de Star Wars-, con Star Trek, algo que incluso George Lucas no supo encontrar, a la hora de entregar la más reciente trilogía de la franquicia que el mismo creo.

Aún habrá que esperar para saber más de dicho proyecto, mientras tanto, el poderoso y reciente rugido de Godzilla, también alcanzó para que se perpetrara la secuela de la anterior película de Edwards -ya sin el en los controles-, titulada Monsters: Dark Continent, pero esa, es otra historia.

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