¡Hay que ver lo que una casa nueva le hace a algunas personas!

Por Héctor Reyes “El Cinéfilo Incurable” 

Siempre reconoceré a La mansión de los espectros (Wise, 1963) como la madre de las películas de casas embrujadas. Sin embargo, también reconozco la fina pieza de artesanía que es El horror de Amityville, película que definiría las cintas de casas embrujadas y malditas en las décadas por venir.

Esta peli está basada en la novela homónima de Jay Anson, publicada en 1977. A su vez, la novela está basada en el supuesto caso real de la familia Lutz. Anson se basó en entrevistas audiograbadas con los Lutz. Este caso, que alguna vez fuera desestimado como un engaño, fue ampliamente documentado por los investigadores de lo paranormal Lorraine y Ed Warren, de quienes se presentó otro trabajo en la película El conjuro (Wan, 2013).

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Se cuenta la historia de la familia integrada por Kathy (la otrora Lois Lane, Margot Kidder) y George Lutz (James Brolin) y sus tres hijos, quienes compraron una mansión en Long Island donde un horrible asesinato había ocurrido un año atrás: El hijo mayor de una próspera familia asesinó a sangre fría a sus padres y hermanos, alegando que un demonio le obligó a hacerlo. Los Lutz no pueden resistirse a la ganga y compran la casa en la que, según va progresando la película, nos damos cuenta de que serán sólo inquilinos.

Esta cinta sigue la premisa planteada anteriormente por El exorcista (Friedkin, 1973) y retomada por La profecía (Donner, 1976): Que aun en la segunda mitad del siglo XX, con toda su ciencia y su tecnología, hay cosas que el hombre no puede explicar y que el Mal, como una fuerza primigenia que es parte de todos nosotros, que a su vez se alimenta de nosotros y que nos puede consumir por completo, existe.

Gran parte del éxito de esta película recae en que nunca se muestra a la entidad demoniaca que posee la casa, sino que varias tomas sugerentes y la vista lateral de la casa, que parece un rostro, la dotan de una personalidad y una presencia, volviéndola un personaje más.

Parte del subtexto de la película parece ser que George Lutz sufre las consecuencias de haberse cambiado de religión; pues se entiende que antes era judío. O sea, que aceptar un nuevo credo le implicó aceptar también sus demonios. A final de cuentas, hay también una línea argumental en la película que habla sobre la lucha de la Iglesia Católica Romana contra el Diablo.

Y algo que es más curioso aún es que este discurso fue retirado casi por completo del remake de 2005, por lo que podría pensarse que esta puesta al día sería una versión mucho más cínica. Pero la verdad es que éste es uno de esos casos en los que la versión contemporánea resulta ser mucho más fresa que la original de treinta años atrás.

Para leer la “Edición del Director” de este artículo, visita mi blog.

Héctor Reyes se tituló en la licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de la UNAM, es director de teatro de la compañía Nouveau Grand Guignol, especializada en teatro de horror desde 2009. Ha escrito las obras de teatro El sistema del Dr. Tarr y el Profr. Fether y La muy truculenta, aunque moderadamente ingeniosa, farsa del mercader Pomponio y el Dr. Beleño y adaptado obras como Drácula, sangre de Nosferatu y El último beso. Es investigador literario y dramático, y conocedor del cine de terror, actividades que comparte con la docencia. Desde 2012 escribe su blog El Cinéfilo incurable.

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