Por Christian Cueva

Cuando emerjo de las profundidades del metro Zócalo, en la Ciudad de México, mi reloj marca las 9:59 de la mañana. Tengo un minuto para llegar a la cita.

Hasta ese momento se me ocurre revisar las pilas de mi grabadora de voz: están muertas. Carajo.

Voy corriendo al minisúper más cercano y compro un par. También compro un café. Corro de nuevo hacia la esquina de República de Brasil y Guatemala, donde Bernardo Esquinca ya me espera. Son las 10:10.

-Pensé que me ibas a dejar plantado- dice, un tanto aliviado, refiriéndose a mi retraso.

Yo sonrío, y no atino más que a preguntar:

-¿Comenzamos con el recorrido?

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Bernardo Esquinca.

Les cuento: Bernardo Esquinca es el escritor mexicano del género de horror más popular en la actualidad. Ha publicado tres novelas y dos libros de cuentos, el último de los cuales, Demonia, ostenta el récord de ventas de la editorial Almadía.

Este año, junto con Vicente Quirarte, publicó la antología de relatos Ciudad Fantasma (Almadía, 2013), en la que recoge las mejores historias fantásticas y de terror ambientadas en la Ciudad de México, escritas por autores como Artemio de Valle-Arizpe (La Llorona), Alfonso Reyes (La cena), José Emilio Pacheco (La fiesta brava), Alberto Chimal (La mujer que camina para atrás) e Ignacio Padilla (El año de los gatos amurallados), entre otros.

La idea de esta entrevista es que Bernardo, en su calidad de habitante del Centro Histórico de la ciudad, nos guíe por los que él considera que son los cinco lugares más misteriosos, tenebrosos o espeluznantes de la zona, con el objetivo de que nosotros, la próxima vez que pasemos por ahí, sintamos un pequeño escalofrío.

[El recorrido comienza y yo aprovecho para lanzar la primera pregunta, sobre su nuevo libro.]

Bernardo, ¿cómo surge la idea de hacer Ciudad Fantasma?

Surge de un amor muy grande a la Ciudad de México, y de un amor muy grande también al relato sobrenatural que compartimos Vicente Quirarte y yo, que somos los antologadores. Queríamos hacer un libro que rindiera tributo-homenaje a esta ciudad en la que vivimos, y que tiene mucha influencia en todo lo que escribimos y hacemos. Tanto Vicente como yo nos formamos como lectores de este tipo de historias, historias de terror y sobrenaturales. Entonces, platicando con él salió la idea de hacer un libro que reuniera estas dos características, porque además no existía una antología así: en la que apareciera la Ciudad de México como un personaje principal, y cuyos relatos fueran de corte sobrenatural.

[En este momento de la conversación, llegamos a nuestro primer destino]

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Placa de la casa de Don Juan Manuel, ubicada en República de Uruguay, entre 5 de febrero y 20 de noviembre, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

¿En dónde estamos? 

Aquí estamos viendo la que era LA CASA DE DON JUAN MANUEL. De hecho, hay una placa de la Dirección de Monumentos Coloniales y de la República en la que se da constancia de esto. Don Juan Manuel era un personaje que vivió en el siglo XVII, aquí, en la Ciudad de México, y es una leyenda conocida. Varios escritores la han plasmado, entre ellos el Conde de la Cortina, y también Vicente Riva Palacio y Manuel Payno en su Libro Rojo. Y bueno, el tema es que Don Juan Manuel era muy celoso y estaba convencido de que su mujer le ponía el cuerno, entonces hizo un pacto con el Diablo y el Diablo le dijo: “Ok, yo te voy a señalar quién es el amante de tu mujer. Tienes que salir a las 11 de la noche y el primero que pase por la puerta de tu casa, ese es”. Entonces Don Juan Manuel sale, ve venir a un hombre, en efecto, a esa hora, lo acuchilla, lo mata y se siente vengado. Pero después del Diablo le dice: “No, me equivoqué, tienes que volver a salir, y el siguiente que pase a las 11 de la noche, ese es”. Y así lo tiene engañado hasta que Don Juan Manuel se convierte, literalmente, en un asesino serial. Y la leyenda dice que si pasas por esta calle a las 11 de la noche y se te acerca un personaje de capa negra y te pregunta la hora, jamás debes decírsela,  porque de lo contrario él te dirá: “afortunado el que sabe la hora en que va a morir”, y te acuchillará.

[Sopesamos el lugar, nos familiarizamos con sus muros, con su humedad, y seguimos el camino.]

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Fachada de la casa de Don Juan Manuel, ubicada en República de Uruguay, entre 20 de noviembre y 5 de febrero, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

En tu caso particular, ¿vivir en el centro histórico te ha ayudado en la escritura de tus relatos?

Sí, porque aquí en el Centro hay un montón de capas de historia. Por un lado están las pirámides, los edificios coloniales, los edificios modernos, todas las calles tienen una historia detrás; los callejones, recovecos, la atmórfera, las vibras, las presencias, mucha carga simbólica e histórica. Entonces, creo que para el tipo de narrativa que yo hago, de corte sobrenatural, es ideal el escenario del Centro Histórico, porque es una atmósfera muy adecuada para contar historias truculentas, y además porque pareciera que hay puertas que se pueden abrir a otras dimensiones, que es lo que me gusta explorar.

[Nos detenemos en el segundo punto del recorrido, EL MUNDO SUBTERRÁNEO DE CATEDRAL.]

Exterior de la Catedral metropolitana, del lado del acceso a la zona de vestigios arqueológicos,

Exterior de la Catedral metropolitana, del lado del acceso a la zona de vestigios arqueológicos, en la calle República de Guatemala.

¿En dónde estamos ahora?

Estamos en el exterior de LOS VESTIGIOS PREHISPÁNICOS DE CATEDRAL. Adentro puede verse un fragmento pequeño de la pirámide, y también hay muchos túneles,  lo que lo hace un lugar muy misterioso. Hay unos agujeros por los que puedes caer directamente al inframundo azteca, yo supongo. Y en el otro extremo, hacia la parte del Monte de Piedad, también puede accederse a las que son LAS CATACUMBAS DE CATEDRAL, que es donde están las criptas. Es un lugar muy impresionante, no es sórdido ni mucho menos, pero es inmenso y te puedes perder, es muy laberíntico. Allí están las criptas privadas donde han sido enterrados los arzobispos de la Catedral, y hay también una tumba de mármol muy impresionante que está hecha con vestigios prehispánicos y que tiene una calavera abajo. El único detalle es que, a estos dos lugares, sólo puedes acceder en recorridos especiales.

[Una vez más retomamos la caminata y, por supuesto, la conversación.]

Este mundo subterráneo, como el que vemos que existe bajo Catedral, ¿está presente en Ciudad Fantasma?

Sí, bueno, hay dos cuentos sobre el Metro en el tomo 1 de Ciudad Fantasma. El primero es La Fiesta Brava (1972), de José Emilio Pacheco, que además tiene la particularidad de haber sido el primer cuento en que el Metro aparecía como personaje, y además mezclando una cuestión prehispánica, porque de lo que trata este cuento es de que en los túneles del Metro todavía hay cámaras ocultas en las que se llevan a cabo sacrificios aztecas. Y también está el relato de Ignacio Padilla que se llama El año de los gatos amurallados (1994), que no transcurre en el Metro pero sí en un subterráneo, en un México apocalíptico.

[Nos detenemos frente a otra placa. Se trata del tercer destino de nuestro recorrido, en donde ocurrió EL CASO DE JOAQUÍN DONGO, en la calle de Donceles.]

Placa que señala que aquí, en la calle Donceles entre Brasil y Argentina, vivió el empresario Joaquín Dongo y su familia.

Placa que señala que aquí, en la calle Donceles entre Brasil y Argentina, vivió el empresario Joaquín Dongo con su familia.

 ¿Quién fue Joaquín Dongo?

Don Joaquín Dongo fue un eminente empresario español que un día amaneció asesinado junto con 11 miembros de su familia y de la servidumbre, e incluso, en un detalle siniestro y chusco, también fue asesinado el perico. Eso es lo que dicen las crónicas: los asesinos mataron a toda la familia, a la servidumbre y hasta al perico. Por entonces, el Conde de Revillagigedo acababa de ser nombrado Virrey y tenía mucho interés en poner en orden la colonia, que era bastante caótica. Como este crimen fue muy impactante para la sociedad en su momento, él ordenó una búsqueda implacable de los asesinos, se dio con ellos y fueron castigados en una ejecución pública a garrote vil, para que fuera un castigo ejemplar y no se volviera a repetir. Y sí, dicen que durante varios años sí hubo cierta paz, porque el castigo fue tan impactante que las aguas se calmaron un poco.

¿Será que el fantasma de Joaquín Dongo ronda este lugar?

Claro, el fantasma de Joaquín Dongo está aquí, aunque nadie diga que se aparezca. Hay muchos tipos de fantasmas, desde el que sí se te aparece, literalmente, hasta el que simplemente es una presencia que nunca se va, como éste.

[El recorrido continúa por la calle de Donceles. Pasamos junto a las librerías de viejo en las que, dice la leyenda, hay más de dos millones de ejemplares almacenados. Nos detenemos frente a un antiguo edificio de tezontle, entre República de Chile y Palma. Se trata de la sede de una conocida editorial. Es, además, el cuarto punto de nuestra ruta del terror: EL EDIFICIO DE LOS AHORCADOS Y LA MALDICIÓN DEL BULE.]

Fachada del edificio ubicado en Donceles 66, en donde, se dice, hay apariciones de ahorcados y una maldición.

Fachada del edificio ubicado en Donceles 66, en donde, se dice, hay apariciones de ahorcados y una maldición.

¿Qué es este lugar? ¿Qué cosas extrañas ocurren en él?

Esta es una casa colonial de, por lo menos, el siglo XVIII. Fue sede de la Academia Mexicana de la Lengua, pero ahora es la sede de la Editorial JUS, y también hay un restaurante. De este lugar se cuentan muchas cosas. Amigos míos que han trabajado aquí me han dicho que, por ejemplo, se dice que hay una fosa común en el subsuelo, que se aparecen los fantasmas de una mujer y una niña que van caminando de la mano, y que además se ha llegado a ver, colgando del balcón del primer piso, a los fantasmas de varios ahorcados. Eso se cuenta, pero la parte más impresionante es que dicen que, en una de las vigas, está atado un bule (especie de calabaza hueca), y que eso es una maldición que se le hizo a la propiedad. Dicen que los dueños han traído brujos para que deshagan esa maldición, y que cuando la ven y sienten el poder que tiene, no se quieren meter con ella. Les dicen: esto es algo muy antiguo, muy poderoso, nosotros no vamos a hacer nada. Entonces, según esta historia, aquí hay una maldición que seguirá por los siglos de los siglos porque todos le tienen miedo.

¿Puede verse el bule desde adentro?

No sé, la verdad, pero no quisiera verlo (risas). 

Le leyenda cuenta que, en las vigas de este antiguo edificio de la calle de Donceles, está amarrado un bule que representa una antiguoa maldición. Nosotros, la verdad, nunca lo vimos, pero si el río suena...

Le leyenda cuenta que, en las vigas de este antiguo edificio de la calle de Donceles, está amarrado un bule que representa una antiguoa maldición. Nosotros, la verdad, no vimos nada, pero si el río suena…

[Salimos de este edificio embargados por una sensación extraña, acaso miedo. Bernardo confiesa que este tipo de leyendas, las que involucran fantasmas y maldiciones, le provocan terror. “Por eso las escribo”, dice. Ya sólo nos queda un punto más por visitar: EL ANTIGUO PALACIO DE LA INQUISICIÓN.]

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El Antiguo Palacio de la Inquisición está ubicado en el cruce de Brasil y Venezuela, en el corazón del barrio de Santo Domingo.

¿Qué podemos decir de este lugar?

Este palacio, que ya de por sí  es arquitectónicamente muy impresionante, fue la sede de la Santa Inquisición en la época de la Colonia. Ya nada más con esa referencia podemos imaginar mil posibles historias de persecución y de tortura, como se sabe que practicó la Santa Inquisición. Después este edificio se convirtió en una escuela de medicina, y eso ya le agrega otra capa de historia, de vibras y de presencias, porque aquí se enseñaba medicina y se diseccionaban cadáveres. Ahora que es museo,  uno puede entrar y apreciar, además de la arquitectura, la vibra que se siente. Ya no sabe uno si es sugestión o no, pero se siente que hay capas de historia en este edificio, pues han ocurrido muchas cosas y uno puede sentir la presencia del pasado, que sigue ahí.

[El recorrido llega a su fin, pero antes de despedirnos Bernardo hace una última reflexión.]

Algo que sucede en todos los lugares que hemos visto, pero en general en el Centro Histórico, es que conviven dos épocas, el presente y el pasado, al mismo tiempo; y hay momentos en los que uno, sobretodo a ciertas horas de la noche, piensa: es como si la ciudad vieja no se hubiera ido y conviviera, en una dimensión paralela, con la ciudad actual.

 

Por Christian Cueva / Fotos: Gladys Serrano

 

 

 

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