Por Alain Schettino

En muchas conversaciones con conocedores de cine Z y demás derivaciones, siempre surge la interrogante acerca de quién ha sido el peor director de la historia, y como habrán de imaginar nunca pueden faltar los lugares comunes y los nombres habituales: Ed Wood, Uwe Boll, Juan Orol, Claudio Fragasso, entre otros… Invariablemente sonrío con petulancia cual si tuviera un doctorado en cuanto cine séptico se refiere… pues mi “peor director favorito” nunca sale a relucir en dichas pláticas hasta que con orgullo y jactancia me refiero a él.

Y es que parece inconcebible que aún no se le otorgue el merecidísimo crédito a este apóstol del kitsch, que durante dos décadas reinó el mundo de las producciones de artes marciales straight-to-video y que proporcionó de su precario, pero delirante material, a todo oscuro y oculto videoclub de barrio de nuestra infancia.

Es esta nostalgia sobre aquellos tiempos de ingenuidad en la que más de una vez fuimos vilmente engañados al rentar algún VHS que se veía genial por su portada, pero terminó dándonos una ingrata sorpresa al contemplar la “piñatez” de su contenido. De este modo fue que conocí a Godfrey Ho.

Nacido en Chi Kueng Ho en el año 1948, Godfrey inició su carrera trabajando para la Shaw Brothers en donde compartió créditos con grandes figuras del cine hongkonés como: Chang Che y John Woo, pero a diferencia de estos titanes del cine oriental, Godfrey poseía una visión muy particular del celuloide, quizá alejada de la estética y el arte, y más próxima a los negocios y el dinero fácil.

Fue así que decidió crear su propia productora “ASSO Asia Film” a la cual le siguió la “IFD” ambas instituidas junto a su socio Joseph Lai, con quien formó un team-up épico, creador de incontables picardías cinematográficas (por llamarlas de un modo decente) que con el tiempo se convirtieron en piezas indiscutibles del cine de culto.

¿Cuál fue la razón por la que sus películas pasaron a la posteridad? La más evidente de ellas fue el uso de su legendario método “Cut & Paste” el cual consistía en usar metraje reciclado de varias películas para hacer otra completamente nueva, y por más tramposo y nefasto que parezca, esto le supuso un gran sistema para hacer dinero rápido, sacando hasta 10 películas al año, por supuesto cada una más incoherente y maltrecha que la anterior.

¿Además de esto cómo describir su cine? Aunque sus tópicos recurrentes son las artes marciales, encontraremos todo un espectro de irrisorias posibilidades: Ninjas peleando contra zombis, Ninjas peleando contra vampiros saltarines, Ninjas peleando contra Ninjas y en su obra maestra no acreditada: “Robovampire” un gorila, casado con un fantasma, lucha contra vampiros saltarines chinos comandados por una mafia internacional de traficantes los cuales a su vez son perseguidos por Robocop… sí, leyeron bien… Robocop.

Una característica de sus filmes fueron las actuaciones recurrentes de Richard Harrison, actor afamado en los años 70 por sus participaciones en spaghetti westerns y películas de explotación italianas. Pero esta infame relación “director-actor” no nació de la misma forma que las legendarias asociaciones fílmicas entre Wegner Herzog y Klaus Kinski, o Akira Kurosawa y Toshiro Mifune; en las que existió una compenetración y entendimiento casi místico que derivó en obras maestras de la cinematografía mundial… ¡No! si pudiéramos describir con una analogía esta relación laboral, sería con una cruda y artera violación por parte del director, quien sepultó la carrera de Harrison, reciclando una y otra vez su imagen pactada para un par de películas, usándola en un sinfín de bodrios donde su nombre fue el gancho principal para espectadores incautos.

Otra prolífica mancuerna fue con el actor británico Pierre Kirby, quien en realidad era un comerciante buscando negocios en Hong Kong y fue descubierto por el director gracias a su imponente aspecto físico, el cual encajaba a la perfección con el canon de héroe occidental requerido en las cintas de artes marciales de la época. Este idilio duró 9 películas de 1987 a 1988, tiempo suficiente para ganarle una reputación entre los amantes del cine de acción chatarra de todo el mundo. Por desgracia el actor desapareció en circunstancias misteriosas, al punto de ser considerado legalmente muerto por las autoridades.

Probablemente este misterio aunado a los escándalos sean causantes de la creciente fama del director entre los admiradores del cine Z, ya que como todo “gran mal director” nunca careció de anécdotas curiosas y una mitología personal que contribuyera a su leyenda. Pero para comprender su delirante mundo no hay nada mejor que experimentarlo, para ello bastará hacer una pequeña expedición en los umbrales oscuros de Internet donde podremos encontrar gran parte de su filmografia rescatada y restaurada por sus fieles fans. Pero si la curiosidad no da para tanto, Youtube es un excelente lugar para encontrar escenas de sus películas, muchas de ellas ya son de culto por sí solas. El mejor ejemplo es la clásica “Best Fightscene Ever” extraída de la película “Undefeateble” en donde dos torpes y corpulentos peleadores protagonizan la que probablemente sea la más estúpida, mal coreografiada y peor dirigida escena de lucha de la historia del celuloide.

Filmografía Básica

Ninja Terminator 1985, Ninja Champion 1985, Black Warrior 1987, Ninja Strike Force 1988, Robo Vampire 1988, Zombie VS Ninja 1989, Full Metal Ninja 1989, Thunder Ninja Kids: The Hunt for the Devil Boxer 1991, Catman: In Boxers Blow 1993, Undefeatable 1993.

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