“Un film es—o debiera ser— más como música y menos como ficción. Debe ser una progresión de atmósferas y emociones. El tema, qué hay detrás de una emoción, el significado… todo eso viene después” Stanley Kubrick.

Amer’. Repite esa palabra hasta hacerla tuya: ‘Amer’. ‘Amer’ es francés, arrastras suave esa ‘r’ en español, la sientes caer al vacío de tu garganta con sonido ‘g’ hasta que el silencio se hace en tus entrañas. ‘Amer’ es sensual, carnal y onírica. Hélène Cattet y Bruno Forzani susurran a tu oído tres momentos que marcan la vida de Ana (Cassandra Forêt, Charlotte Eugène GuibeaudMarie Bos) de niña, adolescente y mujer: todos ellos sensuales, narrados desde el punto de vista de la protagonista, y los tres bordeando una pesadilla.

Basado en la estética del giallo italiano y con estilo envidiable, el binomio Cattet/Forzani, tejió una trama visual impecable, y donde le corresponde al espectador detectar la línea que separa lo real de la fantasía. “Es una pesadilla porque escribimos desde nuestro subconsciente, es una asociación de ideas,” así es como Hélène describe el proceso de buscar imágenes inconscientes y sacarlas a flote. ¿Una novedad?

Érase una vez un hombre afilando una navaja de afeitar con la que segundos después rajaría—en close-up—la córnea de una mujer: el inicio de Le Chien Andalou, una pieza originalvanguardistasurreal que rasgó en el arranque las defensas del espectador. Durante 17 minutos, Luis Buñuel y Salvador Dalí recurrieron a imágenes oníricas para producir un choque visual inesperado; el público—de 1929—no estaba preparado.

El cine sigue su evolución en temas, narrativa y concepción, probando nuevas fórmulas y agotando otras. Sin embargo la cita de Kubrick es significativa como cuando la pronunció. Ciertas convenciones nos han mal acostumbrado, directores que anteponen el entretenimiento a la estimulación, tramas hiper simplificadas, estrellas pop, flavors of the month: una suerte amarga para la audiencia que le gusta estar a merced de un autor y exponer el cerebro a experiencias audio-visuales retadoras.

Amer” es amargo, agrio; el título de la película: un título extraño, en synch con una película extraña, a juicio de François Cognard, su productor, y “una declaración de amor íntima y personal al ‘giallo’” para Cattet:

“Es preferible no saber nada sobre la película, porque si piensas en el giallo clásico no estás listo para ver ‘Amer’. Nos inspiramos en su universo, en el lenguaje del giallo.”

Desde el inicio buscó apoyarse en imágenes y sonido, inspirada en el atrevimiento narrativo de Chris Marker. Sin embargo, cuando el giallo entró a su vida con la llegada de Forzani, se completaron las últimas piezas de su rompecabezas. La pareja realizó algunos cortometrajes, visitó festivales y su ópera prima es una consecuencia natural a sus trabajos anteriores.

“Como ir a un parque de diversiones, el giallo te da libertad para experimentar mucho. Fue perfecto para nosotros”

Partiendo de esa iconografía, Cattet/Forzani rebotaron ideas hasta dar con el primer borrador: un universo que delinea el despertar sexual de Ana y la relación con su cuerpo, en tres viñetas rebosantes de estilo y elegancia; un film que puede leerse en varios planos donde la trama no es lo principal: el contenido está en el estilo, y no al servicio de éste.

Cattet se concentró en el punto de vista de Ana: descifrarla y entrar a su cabeza, escuchar y ver su entorno. Quería un personaje femenino como no se ha visto en un giallo, quizá desde Un Reptil con Piel de Mujer. La cámara son sus ojos, y gracias al sonido surround, podemos instalarnos en su cabeza. Entonces terminamos enamorados de nosotros mismos.

Amer’ es un ejercicio narrativo que te arrancará el aliento y si te prestas a su juego, tú también caerás víctima de su encanto.

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