Por Cristina Urrutia Aldrete

El Romanticismo es uno de los movimientos intelectuales más importantes de Europa el cual se dispersó por varias zonas del globo terráqueo. Marcó una ruptura en el imaginario colectivo y, además, fue la época en la que se crearon los monstruos y miedos más famosos que aún se siguen sobre explotando.

Uno de sus precursores fue el famoso pintor español Francisco de Goya (1746 – 1828), reconocido internacionalmente por sus obras multifacéticas, unas hablan de religión, otras de antiguos mitos griegos y unas más seducen con la imposibilidad de la brujería.

El Romaticismo es la oposición a la Ilustración, aquella corriente que apelaba a que todos y cada uno de los fenómenos se debían de analizar a partir de un método científico, con pruebas empíricas y fórmulas de cálculo, dejando a un lado la subjetividad humana, la musa de la imaginación y la quimera de los sueños; estaba fuera de interés todo aquello que no pudiera ser captado por el ojo humano.

Los monstruos, aquellos seres que, se supone, sólo habitan en la imaginación, también fueron descartados. Pero ¿qué sucede cuando esas criaturas se encuentran dentro del humano? y, peor aún ¿cuando son provocadas por el uso duro y tajante de la razón?

“El sueño de la razón produce monstruos” (1799) es un ejemplo de los síntomas del pre-romanticismo, donde el miedo al mecanicismo comenzó a hacerse latente, en el cual las pasiones y sentimientos eran reprimidos, sin embargo, estos, siempre buscan la manera de salir, en este caso en la forma más espantosa que alguien puede imaginar, en los sueños lo miedos toman las peores formas.

El sueño de la razón produce monstruos

También hace evidente que en realidad las abominaciones viven en la psique de cualquier individuo y que de un momento a otro cualquier individuo se puede transformar en aquello que la sociedad teme, aquello que busca erradicar por medio de obsoletos e inservibles métodos científicos; la locura, la mente humana, es algo incontrolable, sólo cuando el velo negro de la parca se posa sobre el motor de todo el conjunto de órganos, únicamente, ahí, en ese instante se apaga.

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