Mucha gente es desagradecida por estar viva, pero no tú, no más.

 Por Diego Eduardo Merino Lazarín

Billy es la voz de una filosofía moral mórbida, de una ética retorcida que afianza a la víctima victoriosa a la vida. Billy, marioneta ventrílocuo de Jigsaw es símbolo. Una figura profunda que amedrenta y aterra, pero no por la muerte que en apariencia predice, sino por la vida que anuncia; es signo/síntoma de los enfermos, brebaje eficaz para aquellos malditos hombres grises. Billy es nihilismo que más allá al desprecio por la vida, reivindica y anonada.

Pero es necesario ser justos y respetar a los filósofos en la medida de lo posible; así, no hablemos más de Jigsaw, nombre vulgar que la policía y los medios pusieron a John Kramer. En un mundo alternativo, producto del celuloide (probablemente menos violento que el nuestro), existe un ingeniero con dotes más bien de filósofo de nombre John Kramer. El antihéroe de la franquicia “SAW” de pronto, y como arrojado a la existencia, hace conciencia de su vida efímera, una molécula pusilánime en el devenir del mundo. Un cáncer inoperable le carcome el cerebro. En una metáfora del destino pareciera que un ente maligno le roe la razón. El tumor tiene cara de pregunta: ¿Dónde están los humanos? ¿Qué cabida tienen los seres humanos en un mundo dominado por el instinto? ¿Son aún humanos aquellos que carecen de sus fibras más elementales? ¿Está vivo realmente aquello que no tiene voluntad de vivir, aquello que carece de instinto de supervivencia? Todas y cada una de estas preguntas están encerradas en el tumor de Kramer, pacientes esperan salir vociferantes tras su intento de suicidio. En profunda depresión, una terrible noche, John decide suicidarse despeñándose con su carro. Sin embargo, el aparatoso accidente no le mata, ¿Cómo es que una cosa así no termina con mi vida, pero sí un pequeño cuerpo que crece en mi interior? En ese momento la duda filosófica se enciende, he aquí el momento crucial, poner a prueba la fortaleza humana, redentor de humanos desagradecidos.

Pero Kramer sabe que semejante empresa es demasiado para él, tan nimio, tan humano; como Ra’s al Ghul, sabe que los hombres pueden ser asesinados, pero no los ideales; las ideas (o ideales) son aprueba de balas, asegura V.John Kramer puede ser encarcelado y destruido, pero no el ideal que gesta su espíritu. Los entes que no viven, pero que exhortan a la vida no pueden ser destruidos: Billy. Él no puede ser demolido, él es símbolo que a través de signos habla, advierte, exhorta, denuncia y redime.

Johnkramer_aka_jigsaw

John Kramer lo crea basado en un pequeño muñeco inquietante que sería para su no nacido hijo Gideon. Para cuando la misión de Kramer comienza, este pequeño Billy es reproducido mucho más grande y montado en un triciclo rojo.

A todo esto, ¿Qué simboliza Billy? ¿Quién o qué es Billy?

Billy es un enfermo. Tan enfermo como Kramer, enfermos de cansancio y hastío. Enfermos de la gente que no valora el respiro, el aire en los pulmones, de los hombres que no valoran la mirada y el suspiro, cansados de las mujeres que no valoran la libertad y el pensamiento, enfermo y cansado de los crueles, de aquellos monstruos que se ensañan contra el débil y el miserable, hastiado de aquellos impertinentes seres racionales que hacen del placer la crueldad, de los ladrones, de los hedonistas que no valoran el placer; enfermo de humanidad, de políticos, religiosos, raptores y asesinos. Enfermos y hartos de todo.

Cada sujeto a prueba debe encontrarse con Billy en la saga de SAW, ya sea a través del televisor o la grabadora, todo juego comienza con un deseo de Billy: Quiero jugar un juego. En un ejercicio lúdico el sujeto inmerso opta por la vida o la muerte, las condiciones son dadas por Billy. En un primer momento él es lejano, se hace de medios para hablar, quienes no jugaron correctamente nunca lo conocerán en persona, mas aquellos otros que sublimaron su voluntad de poder verán cara a cara al muñeco de ventrílocuo; entonces felicita y exonera a los victoriosos de las fauces de la pusilanimidad y la vida vacía. Todos aquellos que vieron a Billy sintieron algo en las entrañas, porque como bien apuntó Kramer, sentir es sentirse vivo. Los sujetos “a prueba” que sobreviven son seres humanos integrales, completos, nada les falta, nada les sobra; como gestálticos las partes conforman la unidad.

Pero hay otros, otros a los que Jigsaw visita, aquellos que Billy nunca conocerá en persona, aquellos que perdieron. Los recuerdos corporales que arranca Jigsaw en forma de pieza de rompecabezas significan al sujeto. En otras palabras, dicen de lo que faltaba a aquél, faltaba una pieza vital del rompecabezas humano: el instinto de supervivencia. El amor por la existencia. Hombres y mujeres que hicieron su elección: Vivir o morir. Haz tu elección. En este sentido el instinto de supervivencia va más allá de una inclinación natural, habla de propósito, de la intención que se impregna a la existencia, del pro-yecto inserto en la vivencia que se apropia de la existencia misma.

La enseñanza de Kramer, a través de Billy, es mucho más compleja todavía. El propósito es el brío traducido de la disposición. ¿Disposición ante qué? Ante la vida. Y ante esto entramos plenamente al terreno de la ética. La ética refiere al vocablo griego ethos que su vez responde a la idea de carácter en tanto hábito o costumbre, es decir, nuestro carácter es fruto del hábito. Así, nuestro carácter es la disposición que tenemos frente al mundo, el carácter es la forma en la que nos disponemos a asimilar la vida. Es nuestro modo de ser. El modo de ser que condiciona la manera de ser frente al mundo. Ante la neutralidad de la naturaleza el hombre ve cosas buenas o malas, bellas u hórridas según su carácter. El modo de ser frente al mundo según el carácter es mi disposición al mundo: “el “cómo” del vivir humano resulta determinante del propio ser[1]. Esto no es más que práctica, vivencia en/de los hechos, hacer de lo experimentado en el espacio y el tiempo acontecimiento, apropiación de la vivencia, acontecimiento poético, creativo. En el cómo radica el secreto, ¿vivimos como zombies, vivimos como mujeres y hombres grises sin sueños, pero con mucho sueño, o como humanos en juego, como mujeres y hombres amantes de la vida y sus placeres, como engrandecidos y glorificados o como pusilánimes y mediocres? Billy redime a los seres parcos hacia la luz de gratos colores. Kramer/Billy es muy duro: Los que no aprecian la vida no la merecen. Pero habría que dar una solución a esto, una oportunidad a aquellos dolorosos: El juego. El juego es la propuesta ética de Kramer, un imperativo ético en clave lúdica. Hay que morir para renacer, se asegura en la saga. Pero a pesar de los esfuerzos de Kramer por redimir no puede más que confesar que: “No se les puede ayudar, ellos se tiene que ayudar a sí mismos”.

Así, John Kramer es inmortal, “la cura para la muerte es la inmortalidad”, y lo es gracias Billy, éste último en tanto voz que vocifera el legado del primero: Si uno deja un legado, si uno vive una vida memorable, se vuelve inmortal. De lo que se sigue que nosotros también podemos serlo, parafraseando a Nietzsche, vivir la vida de tal manera que se desee su eterno retorno, vivir la vida memorablemente, un legado a nosotros mismos, una vida arrebatada de vida, una vida profunda y maravillosa antes del fúnebre Game Over.

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[1] González, Juliana, El ethos destino del hombre, México, Fondo de Cultura Económica, 1ª edición, 1996, p. 11.

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