En la infancia, las muñecas fueron la compañía que nos sacaba sonrisas, pero crecemos y las dejamos olvidadas en alguna caja mientras se van empolvando o desgastando. Para el tiempo en que nos acordamos de la muñeca que tuvimos -si es que te llegas a acordar de nuevo- probablemente ya no tengan el mismo aspecto tierno que nos invitaba a dormir con ellas.

Estas fotografías en blanco y negro le dan un aspecto tenebroso a las muñecas, algunas tienen una mirada perturbadora y perdida que, sinceramente verlas en algún cuarto, de noche, me daría escalofríos. Imaginen el peor escenario de terror que involucre toparse alguna muñeca como estas, ¿qué tanto miedo sentirían?

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Entonces… ¿cuál se llevan pa’ la colección?

 

 

Vía Bored Panda

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