El mundo es despiadado. Esta compuesto por estructuras de poder que tejen sus estrategias a fin de conseguir, precisamente, más poder. Ésta es una premisa que Erick De Kerpel nos deja clara en su libro “Bungalow 77”.

Su personaje principal André Gavlik, “Ruso”, es un ciudadano promedio que, como todos los ciudadanos promedio, busca su beneficio a pesar de que eso signifique en muchas ocasiones hundir a los que lo rodean. Con tal defecto al que algunos llamarían cualidad, se abrió paso en el mundo publicitario hasta estar en una de las agencias más importantes del país, uno que por cierto destaca entre muchas cosas por celebrar las acciones abusivas de los que pisan a otros cuando desean escalar la verticalidad de la sociedad. Así México es el país perfecto para “Ruso”, tuvo suerte de que su padre emigró aquí.

Pero la vida no le da para ser feliz, o para estar satisfecho. Ni su matrimonio, ni su divorcio, ni su trabajo, ni su adicción al whiskey o a los ansiolíticos, ni su capacidad de convertir las falacias en realidades para el consumidor lo hacen un humano pleno. Por eso, “Ruso” está a punto de tomar una decisión que cambiará las cosas como las conoce. El cártel del narcotráfico más sanguinario y poderoso contrata a su agencia para que diseñe una campaña que lave la mala imagen que tiene el crimen organizado frente a una sociedad hipócrita y sin chiste.

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Antes de leer “Bungalow 77”, una cosa debe quedarnos clara. No es una narconovela o de detectives, pues no explora la cultura de las drogas desde una sociedad institucionalizada ni persigue una historia o ambiente Noir. Entonces ¿dónde queda la mórbido? De principio puede ser una pregunta muy difícil, pero toma leer un par de capítulos para entenderlo.

El factor que lleva a “Bungalow 77” a aparecer en Letras Mórbidas es la sobredosis de ácido con la que va cargada. Me refiero a ese humor negro y la hijoputés (citando a De Kerpel) que todo los personajes llevan encima. Y la cosa que más miedo me dio fue al pensar a nivel personal sobre algunas de las acciones efectuada por ellos y que también hubieran sido mi decisión de estar en esa situación. Tal vez en el fondo De Kerpel quería que reflexionáramos sobre qué tan buenas personas somos. “Bungalow 77” además profesa una verdad que no dista mucho de la  pero que sí nos cuesta trabajo aceptar: la diferencia entre los trabajos que todos haríamos por dinero y los que no, son determinados por poderes dentro de la sociedad que a su vez responden a intereses de las personas que los dictaminan. Entonces la novela es una exploración de la ética profesional con la que todos convivimos día a día.

Bungalow 77” mezcla la sátira hacia una sociedad de moral putrefacta con personas grotescas y las situaciones a las que se exponen cuando cruzan la línea pintada por aquellos que, irónicamente, definen lo que es moral.

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