Clown” o “El Payaso del Mal”, como se le denominó en la región 4, es una película que causó mucho revuelo desde que apareció. Yo sentí emoción cuando escuché de ella, pero conservé la calma a pesar de que no paraba de pensarla. Ahora que pude verla me explico aquello por tres motivos (bueno podrían ser más o menos pero nuestra idiosincrasia judeocristiana nos hace amar las ternas) ;uno, porque es sobre un payaso y todos amamos/odiamos a esos sonrientes personajes (en especial dentro del terror); dos, porque tiene un antecedente en un tráiler falso dirigido por Jon Watts y Christopher Ford (quienes dirigieron y escribieron la película) que a pesar de mostrar su baja calidad logra verse sincero así como con muchas posibilidades de generar buen terror; y tres, porque el punto pasado obtuvo el voto de confianza de Eli Roth, quien muchos consideran un maestro del género, para de hecho convertirla en un largometraje.

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Pero una vez más nuestra geopolítica nos jugó una mala pasada cinematográfica otorgándoles a distintos países la posibilidad de verla (lícitamente) mucho antes que a nosotros. Y no mentiré, leí muchas críticas que la despedazaron. Acá va la mía:

Primero, como siempre, va la trama. Es sencilla, con pocas vueltas de tuerca, rápida, no exige reflexión y en muchas ocasiones apela a casualidades “irremediables” para explicar eventos, algo que desalienta. La familia feliz que deja de serlo por un demonio es cliché pero nunca dejará de ser terrorífica. O sea que “El Payaso del Mal” peca de haber sido trazada con fórmula, algo que queda muy claro con los sustos anunciados no obstante efectivos.

La floja construcción de los personajes (bueno casi todos, espérenlo) es sin duda una consecuencia del guión. Son inconclusos sin aparente razón e ilógicos sin proponer misterio o fomentar audiencias intuitivas. Después de todo, y si jugamos al abogado del diablo, es una familia clase media (socioeconómicamente hablando) con un prototipo occidental que justifica su superficialidad y que contradice sus acciones faltas de orientación funcional. Llámenme fijado pero esto no asusta.

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¡Alto, alto! No todo es malo con los personajes. El payaso es, por fortuna, espectacular. Entiéndase que él es la razón por la que todos queremos ver la película. Hasta ahora (que tal vez cambie cuando la vea por segunda ocasión) no he podido pensar en algún defecto. Explicación terroríficamente sólida, maquillaje y vestuario perfecto, asqueroso, violento y la metamorfosis cumple con el estándar. Es un demonio bajado de la cultura nórdica que tiene mucho potencial. Para no quedar como un mico amante de las tripas y la sangre también aceptaré que es una mina de maldita ansiedad.

¿Qué sería un monstruo sin víctimas? es retórica, pero afirmaré que nada. El Payaso del Mal (como monstruo) logra su perfección, más allá de su apariencia, a través de su existencia. Su motivo, asesinar niños, cómo, devorándolos. Es por eso una oda a los payasos del terror. Desde Pennywise hasta John Wayne Gacy, una cara pintada con una sonrisota debe ser cercano a los niños de otra manera pierde sentido. Y este cabrón se los come, los deja a la mitad sólo para concluir vomitando sus huesitos. Debe quedar claro que no son adolescentes, son menores de 10 años. Esto debe darle un rotundo ¡sí debo verla! a la película pues además de ser muy valiente y enfrentar a los puritanos de la industria del cine, cierra con broche de oro la relación que tiene la génesis del demonio con los oscuros cuentos de hadas de los siglos anteriores donde siempre morían niños de maneras espantosas.

Tráiler

Póster

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