por Cristina Urrutia Aldrete

La belleza y la fealdad, siempre contrapuestos, inmortales enemigos. La primera poblada de características como benevolencia, sublime, santa, empática; la segunda es el horror, lo pérfido, asimétrico.  

Los personajes de cualquier narración, por lo general, se dividen en estas grandes categorías; las cosas son interesantes cuando estos dos se juntan ya sea con un fin benéfico para ambas partes, como enemigos o por atracción; esta última situación es la más apasionante de todas.  

Es muy común ver parejas de este tipo, recordemos ejemplos clásicos como La Bella y la Bestia, o la angelical Christine con el engendro de la ópera de París en El fantasma de la Ópera sólo por mencionar algunos rápidos ejemplos.

Ryohei Hase es un maestro en conjuntar la ternura con la maldad de una forma tan perfecta que es imposible no deleitarse con tan sublimes representaciones.

hisonlywishwastotouch

His only wish was to touch es la representación del acto imposible de amor representado en dos criaturas; por un lado un monstruo el cual está compuesto por varios elemento: el cráneo de un cuadrúpedo, su cuerpo hecho de una masa gris procedente de la putrefacción, sobre su espalda una mezcla viscosa derritiéndose. Es el engendro que emula la fealdad y lo grotesco.

En sus brazos sostiene a una ninfa, un ser de luz. Que se derrite con los colores opacos del morado, muriendo lentamente.

El monstruo, a pesar de estar conformado por un cráneo inexpresivo, es evidente que sufre, padece de que su inocente acto de tocar, sentir, fuera recompensando con tan trágico suceso, después de todo los polos opuestos siempre se atraen.

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