Por Ximena Apisdorf

Durante una temporada justo a las 10 de la mañana suena la alarma del teléfono, abre la aplicación de la cámara y sonríe, como un acto mecánico, lo repite día con día, sin prepararse, sin efectos especiales, solamente una tímida sonrisa. Envía la foto al villano de traje morado, quién sentado en medio del barullo de un restaurante grita silencio, durante la mudez de la gente repasa las imágenes que le han llegado. El trato es muy sencillo parecería, sin embargo, es una forma simbólica de dominación, Kilgrave (David Tennant) sonríe complacido, de que de una u otra forma su palabra se vuelven acción. ¿Quién no estaría complacido de poder obtener lo que deseas con el simple hecho de pedirlo? Yo hubiera sido muy feliz en las mañanas del 6 de enero. Pero, en Jessica Jones (Netflix, 2015) cada acción, cada gesto, cada parpadeo, cada sonrisa, se valora como si fuera única e irrepetible, incluso “Sonríe” se puede ser el peor de los enunciados.

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Se presenta como una serie de superheroes, dentro del universo Marvel, se hacen referencias al patriota, al gran verde, al número de “dotados” que existen, 99 amigos, pero la realidad es que los poderes son sólo exaltaciones de las personalidades, de lo negro, de lo blanco, de los grises de los personajes. En este universo todos son adictos a algo, incluso yo, como mera espectadora, no he podido dejar de pensar en todas las conotaciones, en todos los detalles, en todas las primeras veces.

La protagonista rompe con la idea de “sexy” heroína en traje de latex, usa jeans, chaqueta de cuero, y casi todo el tiempo toma como si no hubiera mañana. Sí, ha sido una víctima del villano, y la vemos justo un año después de todo lo que sucedió,[spoiler] y no es hasta la mitad de la temporada, que para la gente como yo, neófita en el comic (2001), descubres por todo lo que le paso a Jessica, mientras que el común de las víctimas del “Señor Púrpura” son para algunas acciones o algunos días, descrubrimos que él es adicto a ella, y que ella permaneció más de 6 meses bajo su “hechizo”. Mientras que él trata de re-conquisarla por los medios “tradicionales”, ella no puede olvidar todo lo que el ocupó, tanto en su mente, como en su cuerpo.[/spoiler] Jessica (Krisen Rytter) con su sarcasmo es la protagonista perfecta de un thiller, ahora tiene como compañera a la rubia, atractiva, rica mejor amiga Trish Walker (Rachael Taylor) y como aliada a la impecable abogada Jeryn Hogarth (Carrie-Anne Moss). En definitiva las mujeres son las protagonistas de la serie, que pasaría perfectamente el Test de Bechdel (1985).

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Cada palabra ha sido pensada, reflexionada y seleccionada para un fin definitivo. Jessica no es la heroína perfecta que protege la ley, en realidad lo que se dedica a proteger es a ella misma y a la gente que quiere, y ha sido el personaje perfecto para poder hablar de toda clase de temas, desde abuso sexual, abuso infantil, la importancia de la voluntad y de la libertad, de cuestiones morales entre el bien y mal, y la imposibilidad de la empatía antes de descubrir la presencia de Kilgrave en la mente. Una pregunta recurrente es ¿Cómo se podrían ocupar sus poderes para el bien? Si la voluntad es guiada para el bien. El libre albedrío es la discusión todo el tiempo, no el poder o no poder, y aunque en algún momento se trata de establecer el caso criminalistico y los antecedentes de Kilgrave en una idea shopenhariana de la representación del mundo desde sus ojos y sus manos, nos convierten en cómplices de su actitud altanera, machista, consentida e inmadura de ser en el mundo.

Siempre hay la duda, de hasta donde llega su poder, cuales son sus alcances, sus tiempos, y es en esa brecha donde Jessica vive todo el tiempo, entre lo que es real y lo que no es, se alimenta todavía más de la voz de Kilgrave que le dice sobre sus recuerdos juntos, creando lo que se denomina “hacer luz de gas” y cuya escena maestra nos deja ver lo que pasa en los dos lados de la moneda y suspiramos por un caballo blanco. El trabajo es mayor, esta la responsabilidad, la rehabilitación, el remordimiento y la idea de venganza, como pueden convivir estas circuntancias en continúo movimiento por los 13 capítulos de esta serie. La rehabilitación se ve en un grupo de ayuda, donde las víctimas van y platican de sus experiencias, su tratar de encontrar sulugar de una nueva forma, hasta cierto grado una reconciliación con el mundo; sin embargo, lo que más hemos descubierto de los superheores en estas últimas fechas, es ese gusanito llamado venganza avanza con un disfraz de responsabilidad, Jessica no sólo lleva su propio peso, sino también comienza a cargar a todas las víctimas de Kilgrave como si fueran las suyas.

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Al mismo tiempo también todos tenemos súper poderes, desde Trish hasta Malcom, y como siempre hay esperanza de que se puede salir de ese círculo maléfico. El poder que tienen las víctimas de abuso no es inmediato ni evidente, toma un tiempo el reconocerlo, el poder adaptarse a esa sensación de voluntad propia, ese es el súper poder de Jessica.