En la brigada de casos especiales de Shanghai están todos estupefactos: con la excusa de ascenderlo a un cargo burocrático, han alejado al inspector jefe Chen de los expedientes más delicados. Tras comprobar que intentan atraerlo hacia una trampa, Chen decide alejarse de Shanghai, aunque ello no impedirá que atienda a la petición de auxilio de una hermosa y melancólica joven.

Chen se inmiscuye en un caso decididamente plagado de minas, mientras investiga a quienes le persiguen hasta el punto de haber puesto precio a su vida. El ahora ex inspector se enfrenta a la investigación más peligrosa de su carrera, precisamente cuando un ambicioso alto cargo y su esposa encarnan una renovación comunista.

Y es que mientras los cantos revolucionarios todavía re-suenan en las mentes de todos, y pese a la propaganda que habla de transparencia y modernización, la ambición y la corrupción campan a sus anchas en la China actual.

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“Abril es un mes cruel, quizá el más cruel de todos. Para los chinos, el 5 de abril marca el comienzo del Festival de Qingming, fecha del calendario lunar considerada propicia para limpiar —o, literalmente, barrer— las tumbas de los parientes difuntos. Durante el Qingming la gente visita las tumbas de sus familiares, presenta ofrendas y expresa sus sentimientos. Es una tradición importante y ancestral. En el siglo VII, el poeta Du Mu de la dinastía Tang escribió un cuarteto sobre esta costumbre: Durante la Fiesta de Qingming, llovizna sobre los viajeros desconsolados que huellan los caminos. «¡Oh! ¿Dónde podemos encontrar una taberna, por favor?» Un pastorcillo les señala la aldea de las flores de albaricoquero.

Confucio dijo: «Si presentas una ofrenda ante las tumbas de los muertos, los muertos se te aparecerán como si aún vivieran». En la antigüedad, el Qingming no era una obligación sencilla. Si las tumbas estaban lejos, los parientes de los difuntos tenían que viajar cargados con las ofrendas a bordo de una barca o a lomos de un asno, y a menudo acababan agotados y abatidos en los días lluviosos.

En el siglo XXI, la gente fleta autocares especiales durante el Qingming. En uno de aquellos autocares que se dirigían a los cementerios de Suzhou, Chen Cao, ex inspector jefe y ex vicesecretario del Partido en el Departamento de Policía de Shanghai, viajaba sentado con la espalda rígida entre un grupo de visitantes de tumbas mientras el vehículo avanzaba trabajosamente por la congestionada autopista. Chen pensó en los versos de Du Mu mientras observaba el paisaje por la ventanilla, para luego contemplar su reflejo en el cristal mugriento. Una ráfaga de gotas de lluvia cayó de los sauces que crecían en los laterales de la autopista, brillando como lágrimas de agradecimiento”.

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