Por Cristina Urrutia Aldrete

Nabila es una artista que retoma muchos elementos para crear su obra: la mitología, la literatura, la religión y, por supuesto, el terror, siendo éstos su principal fuente de inspiración, los cuales transforma en bellas obras pictóricas donde mujeres espectrales de cabellos negros se mezclan con aves de rapiña, felinos y viajes espaciales.

Su talento no sólo se refleja en este delicioso sincretismo, sino en el manejo de sus luces, sombras y, sobre todo, de las emociones de los personajes que representa.

“Inugami” es la representación de un ser mitológico de la cultura japonesa: se trata de una especie similar al hombre lobo de la cultura occidental, nacidos de la práctica de la magia negra.

Son los responsables de actos violentos como asesinatos, secuestros y mutilaciones, y actúan a través de la posesión de personas obligándolas a realizar estos sucesos, pero no ejercen por cuenta propia ya que son invocados por alguien que requiere sus servicios.

Este tipo de conjuros suelen terminar con el suicido del poseído o en la locura de éste, el mismo riesgo corre quien lo evoque, ya que se trata de un espíritu totalmente vengativo.

Inugami

Nabila recoge algunas características de este folclore; en primera, vemos un ser con grandes orejas que hace alusión a la especie canina, sus patas definitivamente no son humanas, sin embargo su cuerpo simula antropomorfismo.

En sus manos lleva una Katana, el arma por excelencia de los samurais en el antiguo Japón, evidenciando su naturaleza de guerrero… de asesino. Su rostro está cubierto por una máscara, la cual deja en incógnito su verdadera identidad, en sus cabellos, como línea del tiempo, se muestran otras más; son los rostros de las personas poseídas, de los que han sido sus disfraces.

Su melena larga no es un factor azaroso; emula la vejez que tiene este espíritu, un ser que recuerda al antiguo Japón.