Por Cremance

A propósito del publicitado remake de “Suspiria” (Dario Argento, 1977), que podría contar con las actuaciones de Tilda Swinton y Dakota Johnson en el papel de Suzy Bannion, la bailarina que ingresara a la academia de baile comandada por brujas, quise escribir algo sobre la Scream Queen del famoso giallo expresionista setentero: Jessica Harper.

La ragazza di latte e sangue (‘La chica de leche y sangre’).

Había una vez, en pleno invierno, cuando los copos de nieve caían sin cesar del cielo, una reina que estaba sentada junto a un ventanal cuyo marco era de ébano negro. Mientras cosía, miraba la nieve a través de la ventana, pero, de pronto, se pinchó un dedo y tres gotas de sangre cayeron sobre la nieve. Aquel color rojo era tan bonito sobre la nieve blanca, que la reina pensó para sí: “Me gustaría tener una niña tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y con el cabello tan negro como la madera de esta ventana”. Poco tiempo después, tuvo una niña blanca como la nieve, roja como la sangre y con el pelo negro como el ébano; y por esta razón la llamó Blancanieves.

1. FOTO DE PORTADA (1)La historia comienza cuando la madre de Blancanieves se pincha un dedo y tres gotas de sangre resbalan sobre la nieve. La inocencia sexual y la pureza contrastan con el deseo sexual, simbolizado por la sangre roja. Los cuentos de hadas preparan al niño para que acepte un hecho todavía más traumático: la hemorragia sexual como en la menstruación o, más tarde, en la relación sexual cuando se rompe el himen.

Argento habló de que, entre otras referencias, “Suspiria” es una especie de piel invertida en sangriento Technicolor de “Blanca Nieves y los siete enanos”. Uno de los factores que lo llevó a elegir a Jessica Harper fue su parecido con Blancanieves. Revisando el filme una vez más es inevitable hacer analogías y analizarla desde el cuento de hadas, y ver a Suzy como una joven ingenua aunque curiosa, el arquetipo de la princesa; curiosidad que la conducirá a descubrimientos de consecuencias terribles, inmersa en un proceso de iniciación hacia la adultez, el deseo sexual y la muerte.

4 (1)El hecho de desmayarse y quedar inconsciente indica que se vio abrumada por la lucha entre sus deseos sexuales y su angustia respecto a los mismos.

Haciendo una revisión de mujeres en filmes de terror que no tuvieran un interés romántico o hicieran fehaciente algún indicio de deseo sexual, re-descubro a Suzy. En “Suspiria” existe esta densidad de deseo apaciguado, que como un suspiro, se emite y se entrelaza con el viento, vibrando y empañando los espacios con un vaho de misticismo cadencioso y de sexo velado, en contraste con Suzy, una fuerza asexual en proceso, que transitará un trayecto de descubrimiento hacia los secretos de la Reina Negra, Helena Markos, la serpiente madre. ¿Qué quieren estas brujas de ella y de las otras jóvenes hermosas de la academia? ¿Qué hay detrás de este ritual macabro de masacres dantescas? ¿Qué representa el sexo aquí, en su potencia, en su ausencia, en su contención?

3 (1)Blanca Nieves acechada en el bosque.

El blanco simboliza frecuentemente la pureza, la inocencia, lo espiritual. Pero al enfatizar su conexión con la nieve, queda también representado su carácter inerte. Cuando la nieve cubre la tierra, todo parece sin vida, al igual que Blancanieves parece haber dejado de vivir, mientras yace en su ataúd.

2 (1)La doble naturaleza de Blancanieves: era blanca como la nieve y roja como la sangre; su ser consta de dos aspectos, el asexual y el erótico.

Hasta el viento quiere sexo:

5 (1)Blanca nieves luchará contra los trucos de la malvada reina, es decir, contra las tentaciones ocultas del sexo.

Aunado al soundtrack de Goblin, que como una oración ritual predica con gritos ahogados y susurros a lo largo del viaje de la heroína, el viento juega un papel importante en el filme. Una de las escenas más sencillas y bellas es con la que abre el filme: cuando Suzy sale del aeropuerto; las puertas mecánicas se abren rápidas y fastuosas, como las fauces de una bestia hambrienta. Al abrirse, un suspiro hondo y expectante la golpea. Su pelo vuela con la fastuosidad de una obra renacentista. Las compuertas se cierran tras ella; recibiéndola, tragándola. Tormenta, viento húmedo, la lluvia; ahora está toda mojada, ensalivada. Ya está dentro de la Bestia. En su garganta hacia la espiral del infierno.

‘Jessica Harper: la Blanca Nieves con anestesia sexual’

Psicoanálisis de los cuentos de hadas, BRUNO BETTELHEIM, 1977.