Por Pedro Soto de Landa

Comencemos esta columna con un juego de rol básico. Es muy sencillo: lo único que tienes que hacer es imaginarte que eres un joven de entre 20 y 30 años de edad. Vives en Londres, Inglaterra. Tal vez eres gay, no tienes mucho dinero, ni un nivel socioeconómico alto. Incluso puedes ser indigente. Si es que tienes dinero sueles concurrir bares en la noche. Eres sociable y te gusta conocer gente nueva. Si no lo tienes, tus noches las pasas vagando en las calles oscuras, pidiendo limosna y buscando un lugar donde dormir.

Tu noche pinta deprimente, quieres regresar a tu casa pero no tienes ganas. De la nada, un tipo se aproxima y comienza a sacarte plática. Si es que están en el bar te invita un trago, si están en la calle te ofrece techo por una noche y una cena caliente. Su trato amable y agradable carisma te conquistan inmediatamente. La velada ha dado un giro inesperado, ahora la pasas bastante a gusto. La plática es interesante, este tipo es alguien con una vida increíble: te platica de cuando sirvió en el ejército, que su fuerte era trabajar en la cocina, sus padres son divorciados y vivió mucho tiempo con sus abuelos. Al igual que tú ha tenido una vida con altibajos pero parece ser el compañero ideal. Después de un par de horas aceptas su invitación a pasar la noche juntos.

Como a las tres de la madrugada abres ojo, decides que es hora de irte. Él se despierta y te convence de quedarte. En tu sueño inconciente no te percatas que este susodicho es Dennis Nilsen y que está a punto de cometer su primer asesinato. Nilsen toma su corbata y la aprieta alrededor de tu cuello. Despiertas inmediatamente, luchando por tu vida, él no permite que te liberes, al poco tiempo mueres asfixiado.

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Así fue el nacimiento de uno de los asesinos más crueles que han existido. Tras una infancia turbulenta y experiencias no muy agradables en el ejército, Nilsen creció con traumas que guardó en su interior hasta esta noche.

Conocido como “El asesino de Muswell Hill”, asesino a 15 jóvenes, en su mayoría homosexuales o vagabundos. Solía invitarlos a su casa y ofrecerles ayuda o comida. Su Modus operandi era sencillo al momento de ejecutar: eran asfixiados o ahogados mientras dormían. Lo interesante venía después. Dennis desarrolló una dependencia enfermiza a sus víctimas, creía que si desechaba los cadáveres, éstos lo iban a abandonar, así que llenó su casa de roommates. Varios cuartos e incluso debajo de la duela yacían los cuerpos en descomposición de varios jovencitos. Vivía contento con ellos, incluso llegaba a tener relaciones necrófilas con sus “compañeros”.

Cuando era momento de “dejarlos ir”, los quemaba en su jardín o los derretía en tinas hirviendo y desechaba los restos por el escusado. Acto que lo delató al momento en el que su plomero encontró restos humanos en las tuberías.

Apuesto a que el juego de roles ya no suena tan divertido y vaya que no lo es. Quince murieron a manos de un tipo sediento de sangre, poder y sexo enfermizo.

Sé que en alguna etapa de nuestras vidas queremos vivir solos o con algún roommate. Sé que es una experiencia increíble. Sé que resulta un crecimiento y madurez, pero Dennis Nilsen me ha enseñado que puede llegar a ser mejor vivir con tus padres toda tu vida que con un roommate de esta calaña. ¿Ustedes qué opinan?

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