Por Cremance

Chris MacNeil (interpretada por Ellen Burstyn; “El Exorcista”, 1977) es una actriz divorciada con una hija de 12 años llamada Regan. Su relación es muy buena; a pesar de los largos llamados de trabajo se da tiempo para platicar y hacer cosas divertidas con ella, pero a últimas ha notado comportamientos muy extraños. Regan se ha vuelto antisocial, callada; dice groserías y se pone agresiva, y ella no la educó así. En la casa no hay drogas y ella ni siquiera fuma marihuana. Tuvo una reunión y se orinó en frente de sus invitados, ahí, en la mera alfombra. Un chorro constante y ridículo, catapultando el silencio, conteniéndolos a todos en medio del shock.

¿Qué fue eso? ¿Qué le pasa a mi hija? ¿Por qué a ella? ¿Por qué a mi hija? ¿Es algo de la pubertad? ¿Tendrá algún desorden cerebral? ¿Esquizofrenia?

¿Podría ser otra cosa?

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Ellen Burstyn es el armazón que da soporte dramático a “El Exorcista”. Su personaje asienta, como ningún otro, el contexto de realidad; el miedo y la confusión que preceden al horror. Es la que tiene una cercanía más directa al MonstruoRegan poseída – ; no es el Padre Karras – que posee tanto el conocimiento médico como el religioso, al ser sacerdote y psiquiatra, pero que vive un profundo momento de depresión y falta de fe y que necesita una sacudida fuerte para volver a creer y para quien el exorcismo, aunque confusión y confrontación, representa una oportunidad para autoexorcizar lo que le dice su razón, decepcionada del mundo y del Dios en quien creyó alguna vez -. No es el Padre Merrin, un veterano conocedor que ha combatido al Demonio y sus diversas encarnaciones en la Tierra varias veces, y para quien, encontrarse una vez más en esa situación es como volver a ver a un viejo enemigo. No, Chris es una madre confundida, luego aterrorizada, desesperada tratando de encontrar una ayuda, una esperanza, una oportunidad. Ella presencia desde la incubación de lo siniestro, hasta lo más perturbador, con una velocidad enloquecedora. No importa si ella es o no religiosa, o si cree en algo más allá de lo tangible. Esta dispuesta a probar todo, a creer en todo para ayudar a su hija. Su amigo murió (¿lo habrá matado mi hija? Sí, ella fue. Regan está irreconocible. Aterradora. Las cosas se mueven solas, la cama se convulsionó como si estuviera viva. No estoy loca, yo lo vi. Pero si no estoy loca, entonces sí es posible que mi hija ….)

Linda Blair (left) is one of Hollywood's greatest hell spawn in The Exorcist. (with Ellen Burstyn)

El compromiso de Burstyn a la hora de filmar fue máximo: En la famosa escena donde Regan ya poseída le da un bofetadón que la tira al suelo, un tramoyista la tenía sujeta para darle un fuerte jalón y hacer más realista la caída provocada por una fuerza demoniaca. Desde la filmación, su columna vertebral no ha sido la misma…

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En su libro autobiográfico, Lessons in Becoming Myself, ahonda sobre la experiencia exorcista:

Empecé a trabajar en el personaje de Chris MacNeil a través de escribir su historia. Decidí que había sido bailarina. Después de ser una gitana en Broadway, se fue a la actuación

“Pienso que Billy (William Friedkin, el director) inicialmente abordó “El Exorcista” desde una perspectiva psicológica. Una de las razones fue que tuvo la precaución de destacar la ausencia del padre de Regan en su cumpleaños, mostrando como ella está escuchando los gritos de su madre al teléfono tratando de encontrarlo, diciéndole a su asistente que ni siquiera se preocupó por llamarle a su hija en su cumpleaños. El diálogo de esta conversación telefónica no estaba en el guión. Lo improvisé. En la mayoría de los casos donde se asume la posesión, los sujetos son chicas en la pubertad. Desde el punto de vista Jungiano, cuando el padre está ausente, puede dejar una especie de agujero en la psique, el cual puede ser usado por el bagaje del inconsciente colectivo para entrar y perturbar un yo débil”.

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Durante los ensayos le dije a Billy que no estaba de acuerdo con la conclusión a la que llega el personaje de Chris MacNeil al final del guión; después de todo por lo que pasó, de todo lo que su hija vivió, después de que dos sacerdotes murieron tratando de salvar a su hija… En la escena final, mientras Regan y ella están dejando la casa, el Padre Dyer le pregunta: ¿Qué crees que pasó ahí? y Chris tiene que decir: Bueno, en lo que respecta a Dios, aún sigo sin ser creyente. Pero cuando se trata del Diablo, bueno, eso es otra cosa, Padre, que te puedo comprar.

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No tenía sentido para mí. Tomamos este largo viaje con Chris Macneil, y resulta que al final termina siendo creyente de la maldad, ¿sólo de la maldad? ¿No de la bondad y la maldad? ¿No era de eso de lo que trataba la película, de la tensión entre las dos fuerzas? Una persona no atraviesa ese tipo de experiencia traumática sin que le ocurra un cambio. Si ella sólo iba a terminar siendo “una creyente de la maldad”, sin ninguna conciencia de que la maldad sólo representa uno de los polos , entonces, francamente, no sabía cómo diablos interpretarla.

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