Hay encuentros que es imposible pasar por alto. En este caso, la incertidumbre sobre su estreno comercial en México sólo alimentó mi curiosidad. Como ganadora del premio a mejor dirección en la emisión de 2015 del prestigiado Festival de Cine de Sundance, la reputación de la ópera prima de Robert Eggers creció con el paso de los meses. Y la preceden las críticas entusiastas que ha acumulado, que sólo hablan maravillas de ella e hicieron más insoportable la espera. Ha pasado más de un año de ello. Sé que ya se encuentra disponible en video y que vivimos en la era del Internet. Pero la semana pasada, la incertidumbre finalmente terminó. Y lo mismo podrán decir hoy muchos diletantes del género. Por mucho, La Bruja (The Witch, 2015) es la mejor película de horror de lo que va del año. Me atrevo a anticipar que del resto.

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Son incontables sus aciertos. Su guión, autoría también de Eggers, prescinde de lugares comunes y recursos baratos que provocan el sobresalto efímero y repentino. En cambio, apuesta por una historia donde la angustia crece lentamente en medio de un escenario que por sí mismo hecha a volar la imaginación. En los Estados Unidos del siglo XVII, la familia conformada por el testarudo patriarca William (Ralph Ineson), la madre Katherine (Kate Dickie), su hija adolescente Thomasin (Anya Taylor-Joy), su púber hijo Caleb (Harvey Scrimshaw), los gemelos Mercy y Jonas (Ellie Grainger y Lucas Dawson) y el bebé Samuel (Axtun Henry Dube y Athan Conrad Dube) es exiliada de su comunidad extremadamente religiosa de Nueva Inglaterra y se establecen en lo remoto del bosque de la región, lejos de la “civilización”. La súbita desaparición del menor del clan es el inicio de un viaje a la oscuridad y la locura, en el que la religión y la superstición exacerban la descomposición familiar. En el fondo se impone la omnipresente Bruja del Bosque, que uno por uno despacha a los invasores.

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Eggers pone en manifiesto su fascinación por las historias del folclor desde el subtítulo de la cinta, una historia popular de Nueva Inglaterra. Todo es apoyado por la eficiente fotografía de Jarin Blaschke, que saca provecho a sus imponentes locaciones y la limitada iluminación nocturna. No olvidemos la partitura de Mark Korven, que escucho mientras escribo estas líneas y, aún con la protección de mi doméstico entorno, no deja de ser perturbadora. Y su cuadro actoral –preciso en cada papel- está conformado por rostros desconocidos, lo que contribuye a dar verosimilitud a un relato de pesadilla salpicado por imágenes que parecen salidas de la imaginación del pintor español Francisco de Goya.

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Definitivamente La Bruja se aleja de las películas que la gran industria nos entrega en tiempos recientes. Su magro presupuesto de un millón de dólares –magro para las producciones de esta época- ha generado más de 30 veces en ganancias. Creo que se encuentra en la mejor tradición del horror clásico de El bebé de Rosemary (Roman Polanski, 1968) o El exorcista (William Friedkin, 1973), donde se privilegia una buena historia por encima de alardes tecnológicos y un espectáculo sanguinolento o vertiginoso. Sin duda, sobrevivirá el paso del tiempo. Hace semanas se difundió la noticia de que Eggers dirigirá el remake del clásico Nosferatu, cosa que para muchos parecería un sacrilegio. Su buen desempeño me hace tener esperanzas.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.

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Written by Roberto Coria
Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.