Por Roberto Coria

Aunque no escribo estas líneas en tono de lamento –más bien lo hago como una celebración-, no puedo evitar un dejo de nostalgia. Miro el panorama del cine de horror en la última década y descubro que no cuenta con actores que indeleblemente representen al género. Acaso los más cercanos a nosotros son los estadounidenses Robert Englund y Tony Todd. O el británico Doug Bradley. Ellos –como bien saben- encarnaron a Freddy Krueger, Candyman y Pinhead, monstruos que ocuparon mis temores adolescentes y siempre tendrán un lugar privilegiado en la mente y corazón de todos. En el extremo está el caso del laureado Anthony Hopkins, quien interpretó al asesino serial Hannibal Lecter en tres ocasiones –en una filmografía de varias docenas de títulos que ha transitado del drama a la comedia-. Pero de sus andanzas han pasado casi dos décadas y, en mi humilde opinión, no han vuelto a surgir histriones que emulen su talla y carrera. Añoro que existan nombres en las carteleras que nos arrastren a las salas de cine para asustarnos. Los espectadores decían “vamos a ver la nueva película de Fulano de Tal”, pues su sola presencia les aseguraba sobresalto. Muchos podrán decir que esa necesidad ha sido rebasada, que el verdadero protagonista de toda película –y que asegurará su perdurabilidad- es su historia, pero creo que los rostros carismáticos que inmediatamente vinculemos con el miedo son necesarios de vez en vez. Contribuyen a dar personalidad a este cine que amamos.

Price02

Y lo menciono porque mañana Vincent Leonard Price, Jr. cumplirá sus primeros 105 años de vida. Su reputación ha crecido con el paso del tiempo y hoy goza de una enorme estima entre generaciones que no lo conocieron en su momento de mayor esplendor. Es una figura al mismo tiempo elegante y perturbadora. Su sonora carcajada en el emblemático video Thriller (1982) del finado Michael Jackson marcó mi infancia. Y estoy seguro que les pasó lo mismo a muchos. Mientras me encuentro frente al teclado de la computadora lo escucho cantando la pegajosa canción The monster mash (1962) de Bobby Picket, como la interpretó en el alucinante divertimento El club de los monstruos (Roy Ward Baker, 1980). El discurso que precedió su número musical es uno de los mejores retratos de la monstruosidad humana que recuerdo.

Price12

 

Price01

 

Mencionemos algunos datos biográficos. Nació en St. Louis, Missouri, el 27 de mayo de 1911. Su amplia trayectoria –que comenzó con dramas de época- le valió una posición poderosa en el cine de horror. Hoy lo reconocemos como uno de sus Príncipes, en el indiscutible Maestro de lo Macabro. Esto fue partir de su aparición en el ciclo de adaptaciones de cuentos memorables de Edgar Allan Poe que dirigió Roger Corman en los años sesenta. Pero sin duda lo recordamos en joyas como Los crímenes del museo de cera (André De Toth, 1953), La mosca (Kurt Newman, 1958), La casa en la colina embrujada (William Castle, 1958), El último hombre en la tierra (Ubaldo Ragona y Sidney Salkow, 1964), El gusano conquistador (Witchfinder general, 1968, Michael Reeves), El abominable Dr. Phibes (Robert Fuest, 1971), El teatro de sangre (Douglas Hikcox, 1973), y sin duda por estelarizar dos de las mejores obras del hoy tan cuestionado Tim Burton: el cortometraje Vincent (1982) y El joven manos de tijera (1990). El cineasta, su devoto admirador desde su tierna infancia, valoró su legado y luchó porque se le reconociera. De no haberlo impedido su muerte física el 25 de octubre de 1993, estoy seguro que Price habría ocupado un lugar importante en –al menos- otra de sus películas.

Price04

Price03

Price05

Price06

Price11

Recordemos a este entrañable actor de teatro y cine, diletante del arte y la buena cocina, admirador de la cultura prehispánica de México y refinado caballero que supo provocar el miedo de incontables generaciones. Y siempre supo alternarlo con la risa. Su aparición en 1977 en el Show de Los Muppets lo confirma. Dice con gracia y convicción a su anfitrión –la Rana René– algo que todos en estos rumbos mórbidos sentimos: “nunca he conocido a un monstruo que no me agrade”. Hasta el inframundo, le enviamos un enorme abrazo de cumpleaños y nuestra completa veneración.

Price08

— 

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.

 

Share: