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Ejemplos como el que sigue siempre son mi punto de partida para analizar nuestra fascinación por una criatura siempre presente en el imaginario popular: nos son perfectamente identificables desde nuestra más tierna infancia. El martes pasado se cumplieron 28 años de la primera transmisión de El Conde Pátula, la popular e inolvidable caricatura británica de las productoras Cosgrove Hall y Thames. Éste surgió en realidad a principios de los ochentas como un personaje secundario en la serie Danger mouse, pero su naturaleza fue modificada radicalmente Y ese es uno de tantos encantos que lo distinguen. De ser un divertido y malicioso pato vampiro, se convirtió en un divertido y vegetariano pato vampiro. Su origen es conocido por prácticamente todos los seguidores de estos temas. Nos lo recordaba un escalofriante narrador (porque  merece un reconocimiento su espléndido doblaje al español de Miguel Ángel Ghigliazza y luego de Arturo Casanova):

El Castillo Pátula ha albergado durante varios siglos a una cruel dinastía de malvados patos vampiros: Los Condes de Pátula.  Se dice que a estos horrendos seres se les puede destruir clavándoles una estaca en el corazón o exponiéndolos a la luz del sol. Sin embargo esto no es suficiente ya que vuelven a la vida a través de un rito secreto que se realiza cada siglo, cuando la luna se encuentra en la octava casa de acuario… La última reencarnación no resultó.

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Pátula (Luis Alfonso Mendoza), o Patolín para los amigos, tuvo una vida televisiva de 65 episodios –exhibidos en cuatro temporadas entre 1988 y 1993-. En su majestuoso y ancestral hogar con un parlanchín reloj de cucú (Roberto Carrillo), que se encontraba en deuda directa con los escenarios de la Novela Gótica, podía transportarse hasta distintas regiones del planeta (Canadá, Chicago, África, España o Francia) donde vivía las más alocadas e insólitas aventuras. Siempre era acompañado por su fiel mayordomo Igor (Álvaro Tarcicio), un longevo y gruñón buitre calvo que no perdía la ocasión de hacer que su Amo honrara al nombre de la familia y enmendara su camino hacia la maldad y la ingesta de sangre, y por su leal y obesa Nana (Carmen Donna-Dío), una gigantesca y torpe paloma con el involuntario hábito de derribar paredes y puertas. En estos viajes conoce a todo tipo de seres que mayormente pertenecen –como ellos- al mundo de la ornitología, desde los ladrones Hermanos Cuervo, el torcido Patasma de la Ópera y su asistente Cruel, los Pingüinos Piratas, los torpes criminales franceses Gastón y Pierre y su eterno rival, el incansable Dr. Von Patoven (Jorge Roig), evidentemente modelado a partir del mítico Abraham Van Helsing creado por Bram Stoker, con su acento alemán, su ayudante Heinrich –que siempre vi como un amigo imaginario- y su gorro de cazador a lo Sherlock Holmes.

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Todo era una completa delicia.

Esta premisa la anticipó muy bien el guanajuatense Jorge Ibargüengoitia en su divertido ensayo Vida de los vampiros (contenido en su libro Viajes a la América ignota, 1972), y antes el director de cine Roman Polanski en su indispensable Danza de los vampiros (The fearless Vampire Killers, or pardon me, but your teeth are in my neck, 1967). Más recientemente fue refrendada en la aclamada Entrevista con unos vampiros (What we do in the shadows, Jemaine Clement y Taika Waititi, 2014). Porque estos monstruos son algo serio, pero también pueden hacernos reír.

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De ello platicaremos en el futuro.

 

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Escribió la puesta en escena “El hombre que fue Drácula”. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.

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Written by Roberto Coria
Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.