Siempre lo diré, a riesgo de sonar como comercial de cigarros o bebidas alcohólicas: todos los excesos son malos. Los avances de la tecnología no escapan a esta advertencia. Ya que hablamos de los bonitos recuerdos que pueden evocarnos viejas fotografías en un álbum, no puedo dejar de mencionar a las primitas Elsie Wright y Frances Griffiths, quienes cobraron gran relevancia, allá en 1917. La posteridad recuerda su caso como como el de Las Hadas de Cottingley. Cabe decir que Elsie, principal protagonista de esta historia, tenía ya 16 años. Así que ya no era una niña. Para mí, todo va más allá de una gracejada infantil inofensiva. Posiblemente todo comenzó de esa manera, como intento de poner a prueba la credulidad de los adultos que las rodeaban. Tal vez cuando éstas y sus padres se percataron de la enorme atención pública que el episodio causó, gracias a que Sir Arthur Conan Doyle –quien no necesita presentaciones- le dio gran seguimiento tres años después y que terminó por ser la base de su libro The Coming of the Fairies (1922), decidieron seguir adelante. A este respecto, siempre me preguntaré qué atrajo al autor a inmiscuirse –a arriesgar su buen nombre- en el asunto. Puede ser que se encontrara en la recta final de su vida y que gozaba de una reputación de sobra consolidada, que servía como vehículo para reforzar su defensa del espiritismo, o una auténtica necesidad de creer en lo maravilloso.

Muchos años más tarde, antes de morir, las entonces chicas revelaron que todo se trató de un engaño no tan elaborado. Simplemente reprodujeron ilustraciones del libro infantil Princess Mary’s Gift Book (1914) de Claude Arthur Shepperson –Elsie tenía verdaderas dotes artísticas-. Esto es evidente si analizamos –incuso a simple vista- las fotografías que se tomaron con esa cámara “Midg” de cuarto de placa –manufacturada por W. Butcher & Sons en Londres-, propiedad del papá de Elsie, y posteriormente con un modelo “Cameo” –de la misma compañía-. A pesar de ello, provocaron las más encontradas opiniones entre la gente común y la comunidad científica. Podríamos decir que usaron una forma rudimentaria de Photoshop, hoy tan común en todo tipo de publicaciones –y en todos los medios-.

El incidente ha sido retratado de diferentes formas. Curiosamente, las dos que prefiero son películas de 1997, cuyo tono es diametralmente opuesto: Encuentro fantástico (FairyTale: A True Story) de Charles Sturridge y Fotografiando hadas (Photographing Fairies) de Nick Willing, basada en la novela homónima de Steve Szilagyi. Mientras la primera se sumerge en el mundo asombroso de las chicas –que construyen como una defensa para enfrentar el horror de la realidad-, la segunda se centra en un fotógrafo que cuestiona la autenticidad de las tomas. En el primer ejemplo, siempre destaca la presencia de Harvey Keitel como el escapista Harry Houdini, alguna vez aliado de Conan Doyle, que es encarnado por Peter O´Toole. Y no hay que dejar de mencionar la aparición fugaz, sin crédito, del controversial Mel Gibson –que salió a colación hace un par de semanas-. Después de todo, esto no era tan raro. Él fue fundador de Icon, la compañía productora de la cinta.

Es cierto que estas líneas fueron detonadas por el prodigio de la Fotografía, pero parecería que todo el asunto gira en torno a la existencia de las hadas, seres que lamentablemente han sido azucarados por la voraz empresa Disney, que han hecho a un lado el aura siniestra que poseen en su forma original. Sé que no gozan de la mayor popularidad entre los devotos del género que nos une. A pesar de ello, como Conan Doyle o James Matthew Barrie, creo en ellas. Y al igual que Vanessa Ives (Eva Green), también creo en maldiciones, demonios y monstruos. Así que creo que se merecen una oportunidad.

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.

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Written by Roberto Coria
Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.