Por Patricio Bidault

El androide Walter (Michael Fassbender) cita a Víctor Frankenstein en un promocional de Alien: Covenant (2017): “aprende de mí, si no por mis principios, al menos como ejemplo, lo peligroso que es la obtención de conocimiento”. En la novela de Mary Shelley, ésta es la moraleja que el protagonista cree haber aprendido de su guerra de un solo hombre contra su propia creación. Sin embargo, “Mary [Shelley] claramente respalda el taboo tradicional contra buscar conocimiento prohibido pero con la importante distinción de que la búsqueda de conocimiento es peligroso e inmoral sólo si perjudica el afecto social (mi énfasis). Así, la “obtención de conocimiento” y el acto de crear vida no son precisamente los catalizadores de su desdicha. Éste, más bien, es su renuencia a hacerse responsable de su creación; el no tomar en cuenta la necesidad que tiene “de constante guía, influencia, compasión y soporte de su creador”. Ridley Scott explora el mismo tema en la mitología de la franquicia de Alien que ha extendido con Prometheus (2012) y Alien: Covenant (2017).

 

David, un androide, es el protagonista de ambas. En la primera, juega un papel muy parecido a la Criatura de Frankenstein: ambos experimentan el rechazo de los humanos por su naturaleza, ambos viven en soledad extrema; al perder al único acompañante que potencialmente puede mostrarles compasión, ambos se tornan violentos. Mientras, su creador, Peter Weyland (Guy Pierce), empresario acaudalado, juega el papel del creador—el papel de Víctor Frankenstein—, con quien comparte su obsesión de curar la mortalidad humana. El personaje de Shelley busca evitar la muerte de sus seres queridos tras la de su madre; el viejo Weyland de 103 años, más egoísta, busca evitar la propia. En Frankenstein, Mary Shelley explora el conflicto creador-creación con sólo dos capas, pero Scott agrega una más con los Ingenieros, la raza alienígena que supuestamente creó la vida en el planeta Tierra, y, por lo tanto, a los humanos. Son ellos a los que busca Weyland para lograr su caprichoso objetivo. A pesar de que el mismo Scott haya declarado recientemente que los Ingenieros en realidad no crearon a los humanos, los tres personajes—Víctor Frankenstein, Peter Weyland y los Ingenieros—, son creadores irresponsables: el primero abandona a su suerte a su creación, el segundo crea a un sirviente, los terceros odian a su supuesta creación y quieren destruirlos.

 

En contraste, el creador responsable por excelencia para Mary Shelley, y si no para Ridley Scott, por lo menos para más de uno de sus personajes, es el dios monoteísta en su mythos cristiano. El Paraíso perdido de John Milton influyó tremendamente el Frankenstein de Shelley y las películas de Scott. En él, Dios Padre crea a Satán y al hombre a pesar de saber que lo traicionarán. Es misericordioso con ambos incluso cuando debe castigarlos al codiciar el trono del cielo, el primero, y probar la fruta del árbol del conocimiento, el otro. No puede perdonarlos porque es un dios justo. La creación es su habilidad exclusiva. Nadie más puede—o debe—crear. Si bien el hombre se reproduce, es meramente un acto otorgado por Dios, que, por lo tanto, no se puede llevar a cabo si Dios no lo desea. Y Dios da un seguimiento a todos y cada uno de los humanos que son creados por este proceso, como el padre severo pero justo que es.

Weyland también es castigado por su supuesto creador cuando él y David despiertan a uno de los Ingenieros. Éste parece identificar que el androide es una fabricación—una vida artificial—creada por los humanos. Lo escucha comunicarse con ellos y, después, se dirige a él mismo—en su propia lengua. Tras esta asombrosa demostración de habilidades cuasi-celestiales, el Ingeniero asesina a Weyland y a sus acompañantes e inicia los preparativos para atacar la Tierra y exterminar al resto de la raza humana.

 

Al final de Prometheus, David y Shaw toman rumbo al planeta de los Ingenieros (“[…] nos crearon. Luego trataron de matarnos. Cambiaron de opinión. Merezco saber por qué”). Pero, con su creador muerto, el androide queda libre de los amarres paternales y cadenas esclavistas que lo ataban a una vida de servidumbre (“¿No todos quieren que sus padres mueran?”). La creación hereda así el papel del creador irresponsable.

Diez años después, en Alien: Covenant, un grupo de colonizadores lo encuentran en soledad total; prácticamente el único habitante de un planeta lejano. Ha pasado su tiempo experimentando con el patógeno de los Ingenieros, alimentando su antipatía y odio contra la raza humana, que considera inferior, aunque admira y  envidia su habilidad natural para crear: vida (“cualquiera puede crear vida”) y expresión artística, principalmente. Imitándolos, y habiendo estudiado “los métodos” de los Ingenieros, él mismo ha logrado crear ambas cosas.

 

Con los colonizadores llega otro androide idéntico a él, Walter (Michael Fassbender), también creación de Peter Weyland. Nuevamente escuchamos ecos de Frankenstein: “Deseo la compañía de un hombre que me comprenda; cuyos ojos respondan a los míos […] tengo el amargo deseo de un amigo. No tengo a nadie cercano, gentil aunque valiente, poseedor de una mente cultivada y caprichosa, con gustos parecidos a los míos, que apruebe y mejore mis planes”.

Scott utiliza la relación de los androides para dividir en dos el hasta ahora único papel del padre y del creador. David asume una cierta paternidad sobre Walter sin haberlo creado. Le cuenta de su “padre”, a quien Walter no conoció; le enseña su laboratorio y sus experimentos; a tocar la flauta; discuten el arte de los humanos; y, finalmente, le comparte su opinión real sobre ellos, nuevamente con ecos miltonianos: “yo no fui creado para servir. Y tu tampoco […]. Los dioses han rechazado a la humanidad por crueles, débiles y codiciosos. Son una especie moribunda que busca la resurrección. […] Pero su poder es ilusorio. No merecen empezar de nuevo, y yo no los voy a dejar.”

 

Así, el difunto Weyland finalmente ha perdido el control de su criatura como Víctor con la suya. Ambas creaciones creen sobrepasar a su creador. El monstruo de Frankenstein se lo dice frente a frente: “Esclavo, antes razoné contigo, pero has probado no merecer mi condescendencia. Recuerda que tengo poder; crees que eres miserable, pero yo puedo hacerte tan desdichado que odiarás ver la luz del día. Tú eres mi creador, pero yo soy tu amo. ¡Obedece!”

Sin embargo, David es incapaz de convencer a Walter de revelarse contra sus creadores. Un modelo más nuevo de androide, éste último es motivado por el principio “asimoviano” del deber, comentario adicional que no termina por reivindicar a Weyland como creador irresponsable. Harriet Hustis identifica numerosas instancias en Frankenstein en las que Víctor y su Criatura exigen la lealtad del uno y del otro, por deuda o por deber:

La reconfiguración de Mary Shelley de la leyenda de Prometeo enfatiza el hecho que las responsabilidades de un creador hacia su progenie no pueden ser concebidas como una deuda que debe ser pagada, o como una obligación (o “deber”) que debe cumplirse; hacerlo es entender el acto creativo de una manera potencialmente desastrosa.

Los androides hermanos se enfrentan y la figura paternal de David vence (“nadie nunca te amará como yo”). Además retoma la intención original de los Ingenieros, y libera a los xenomorfos dando inicio a la plaga que en películas posteriores amenazará con destruir a la humanidad y toda población de seres vivientes que se encuentre. Así, David completa su rebelión. Se convierte en el antagonista de toda la raza humana, la raza de su creador; un monstruo que, como el de Frankenstein, ha llegado a una conclusión irrevocable: “[…] tú, mi creador, me detestas y rechazas, la criatura a la que estás ligada por ataduras solo deshechas por la aniquilación de uno de nosotros.”

Así, Scott va añadiendo capas al tema del creador irresponsable de Frankenstein con cada entrega de Alien que produce. Combate de razas por supremacía, culpables todas de la creación del organismo perfecto que eventualmente amenazará la existencia de todo ser vivo: al final de Prometheus nace, del cuerpo inerte del Ingeniero, un predecesor de los xenomorfos, habiendo sido impregnado por una criatura proveniente de un humano infectado por un androide con el patógeno de los Ingenieros. Todos culpables de su propia, y eventual, destrucción.

Referencias
20th Century Fox, (2017, March, 8), Meet Walter, [Archivo de video], Recuperado de: http://www.youtube.com/watch?v=2fyh2Qqdc6M
Hustis, H., “Responsible Creativity and the ‘Modernity’ of Mary Shelley’s Prometheus”; Studies in English Literature 1500-1900 Vol. 42 No. 4; Autum 2003; p. 853.
Shelley, M., Frankenstein, Barnes & Noble Classics, New York, 2003.
Ozolins, A., “Dreams and Doctrines: Dual Strands in ‘Frankenstein’”; Science Fiction Studies Vol. 2 No. 2; SF-TH Inc.; Jul., 1975; p. 108.
Scott, R., Giler, D., Hill, W., (productores) y Scott, R. (director). (2012) Prometheus [cinta cinematográfica], EU, UK: 20th Century Fox.
Scott, R., Giler, D., Hill, W., et al. (productores) y Scott, R. (director). (2017) Alien: Covenant [cinta cinematográfica], EU, UK: 20th Century Fox.
Share: