Por Antonio Camarillo

No, Stephen King nunca ha tenido suerte con las adaptaciones. De películas que más convendría olvidar, como The Mangler (1995) o The Lawnmower Man (1992) a Maximum Overdrive (1986)—dirigida por el propio King—o, incluso, esa versión de The Shining (1996) que escribió por su insatisfacción hacia la que dirigiera Stanley Kubrick, traducir al indiscutible Rey del Terror a la pantalla grande ha probado ser, cuando no un desaguisado, por lo menos una decepción.

Dirigida por el danés Nikolaj Arcel, The Dark Tower asegura que “existen otros mundos, además de éstos”. Por supuesto, el título hace referencia a la formidable estructura que, en la serie de libros escrita por King, conecta todos los universos posibles, y en el que se tocan nuestra realidad y el Mundo Medio: una tierra de fábula, referencia clara a la Tierra Media de Tolkien, y que en la obra del maestro es no sólo escenario de la eterna batalla entre el bien y el mal, sino el lugar donde converge su obra.

Y es que, como anunciaba ya el teaser de la película, el mundo de la Torre Oscura es también el mundo en el que todos flotan; es el escenario del apocalipsis según The Stand y la carretera por la que Christine merodea. Y es también donde unos pocos resplandecen, como en el caso de Jake: un chico de catorce años, que vive con su madre y su padrastro en la ciudad de Nueva York, y quien por meses se ha visto acechado por extraños sueños que no puede comprender, y que plasma en las detalladas viñetas en las que, una y otra vez, aparecen Roland el Pistolero y Walter O’Dim, el Hombre de Negro, enfrascados en una batalla eterna.

 

En el centro de ese multiverso se encuentra la Torre Oscura. “El hombre de negro huyó atravesando el desierto—cuenta King en el primero de los ocho libros—, y el pistolero siguió sus huellas”. Walter pretende derribar la Torre, que mantiene la estabilidad del universo, y sólo Roland podrá defenderla de la destrucción.

 

Dicen que la tercera es la vencida, y tras los intentos de J.J. Abrams y Ron Howard por llevar la saga a la pantalla, Arcel lleva a cabo un trabajo que, aunque decoroso, está destinado sin embargo a decepcionar a más de uno. La crítica ha considerado a la película “aburrida”, “insípida” y, sobre todo, ininteligible para los no iniciados y, al mismo tiempo, simplista y poco o nada fiel a los libros de King. Lo cierto es que, como crónica de un rito de paso—el viaje del héroe, que le llaman—la historia puede resultar convencional, por un lado, y más cercana a la aventura juvenil de Ender’s Game (2013) y las sagas de Divergent o Hunger Games que a la épica apocalíptica del original, como ha dicho ya algún otro crítico.

 

Y sin embargo, y como secuela que se quiere de los libros, la cinta se libera del lastre de la adaptación, de esa obligación de serle fiel a la historia original, y se permite llevarla por otros derroteros que, para el cine actual, resultan bienvenidos: se trata de una historia con un final, que acaso insinúa la posibilidad de continuación—la intención es hacer una trilogía—pero que no promete continuar la próxima semana… o el próximo año, algo a lo que nos han ¿acostumbrado? las cintas de Marvel.

 

Así, no extraña que The Dark Tower sea una película accesible cuando la literatura de King siempre lo ha sido también. Tampoco es una historia de horror, a pesar de personajes como Walter y del terror, sí, de algunas de sus secuencias. Y es que King es uno de nosotros, en más de un sentido; su marca particular de Gótico Americano lo prueba. King encuentra el horror en lo cotidiano, y al abandonar las criptas y los caserones encantados lo traslada a la cocina, a la recámara y, sí, al sillón más cómodo del lector, ése donde se sienta a disfrutar de un libro.

¿Será ese lector constante el que se sienta defraudado?

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