Los monstruos son seres que forman parte de mi existencia desde mi más tierna infancia. Estoy seguro que también de la de ustedes. Lamentablemente suele asignárseles una connotación negativa y terrible. La gente dice comúnmente “es un monstruo” como si se tratara de algo horrible y despreciable. Lo cierto es que hay peores ejemplos de la monstruosidad a la que se refieren en el mundo real. Pueden parecerse a nosotros, incluso dedicarnos una sonrisa mientras nos ven a los ojos. En perspectiva se trata de un término mal comprendido y empleado. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos aclara que procede del latín monstrum, y designa a un ser que presenta anomalías o desviaciones notables respecto a su especie. También a entes fantásticos que causan espanto, a cosas excesivamente grandes o extraordinarias en cualquier línea, a personas o cosas muy feas, o individuos muy crueles y perversos. Precisamente aquí puede provenir la desviación. Pensemos en el que la colectividad  acostumbra llamar Monstruo de Frankenstein, alegoría imperecedera cuya publicación está por cumplir sus primeros 200 años de vida. Luego de ser abandonada a su suerte por su irresponsable hacedor, La Criatura se erige como alguien sensible e inteligente que sólo busca conocer su rigen y descubrir el lugar que ocupa en este mundo. Son la maldad  y la incomprensión del Hombre las que la llevan a cometer actos terribles. Es respetuosa de la vida animal e incluso es vegetariana como su creadora Mary Shelley, su consorte Percy y su amigo e instigador Lord Byron. Otro personaje de nuestra niñez como el elefante Dumbo, que pronto será revisitado por Tim Burton, resume bien este concepto. Sus desproporcionadas orejas lo condenan a la burla y la otredad, pese a su naturaleza bondadosa. En resumidas cuentas, como confesara nuestro venerado Vincent Price a la Rana René cuando fue invitado a El Show de los Muppets, “nunca he conocido un monstruo que no me agrade”. Y como bien cantó la inocente Betty Lou (la conocimos como Angelita) en el mismo programa, “yo quiero un monstruo que sea mi amigo”.  

Si nos queremos poner académicos, podemos referirnos al libro Monstres, démons et merveilles á la fin du Moyen Age (1980) que el investigador francés Claude Kappler, motivado por la contemplación de los cuadros de Hieronymus Bosch, mejor conocido como El Bosco, realizó en torno a la visión medieval sobre estos prodigios. Varios cientos de años después, lo advirtió su colega el pintor español Francisco de Goya en el grabado número 43 de su serie Los Caprichos: “El sueño de la razón produce monstruos”.

Todo lo anterior es originado por la exposición “Monstruosismos y nueva figuración”, que se presenta desde el 14 de junio pasado en el Museo Mural Diego Rivera de esta capital y cerrará sus puertas el próximo 17 de septiembre. La muestra colectiva, que reúne pintura, escultura, gráfica, fotografía y artes populares de talentosos artistas nacionales e internacionales, parte de una pregunta interesante. ¿Cuándo aparecieron los primeros monstruos en la pintura y la literatura? Por ello, al mediodía de este sábado 9 de septiembre tendré el placer de moderar una mesa de reflexión donde participarán los artistas Rubén Maya y María Elena González López, así como los sospechosos comunes (Mórbidos) Alfredo Bueno Jiménez y Luis Roiz. Juntos exploraremos cómo el monstruo también puede ser considerado como una de las Bellas Artes. La entrada será libre. Ojalá nos veamos allá.

Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico.

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Written by Roberto Coria
Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.