Por Eric Ortiz García

Todos, sin excepción, creemos en algo. David Huggins, el particular protagonista del documental Love and Saucers, cree firmemente que perdió la virginidad, cuando tenía 17 años, con una mujer extraterrestre. Esto es lo primero que aprendemos en la cinta una vez que conocemos a Huggins, ahora un hombre de 72 años que vive en Nueva Jersey, Estados Unidos.

Conforme vamos indagando en su vida, nos damos cuenta que desde que tenía ocho años comenzó a tener estos extraños encuentros alienígenas. Sus narraciones son precisas y varían entre sí; a veces Huggins sentía que estaba soñando, pero en otras ocasiones los encuentros ocurrían en pleno día. Los aliens tampoco eran iguales, había algunos con forma de insecto, otros eran infantes, y por supuesto estaba la mujer con la que tuvo sexo por primera vez.

Love and Saucers es un documental que dura poco más de una hora y se siente un tanto cargado hacia un lado; no hay tiempo para algún contrapeso importante que contradiga las creencias de Huggins. El director Brad Abrahams parece que solo quiere compartir la fascinación que siente por el protagonista, quien a su vez no da signos de que algo esté mal con él; al contrario, Huggins es inteligente, culto, colecciona películas de terror y ciencia ficción en VHS, tiene un trabajo común, y no está interesado en explotar – o predicar – sus creencias.

Love and Saucers es, de hecho, el retrato de un artista, quien a través de la pintura logró expresar su vida, plagada de inexplicables encuentros e innegablemente influenciada por libros y películas de ciencia ficción. Las historias detrás de los curiosos óleos – los cuales le dan fuerza visual a la película – dan paso a una interesante, aunque breve, reflexión acerca de las similitudes entre lo divino y las creencias de alguien como Huggins, usualmente clasificadas como ciencia ficción. Lo singular del asunto es que – como dice uno de los expertos en religión y filosofía entrevistados – mucha de la gran ciencia ficción no existiría si los escritores primeramente no hubiesen asegurado tener experiencias paranormales reales.

Si es verdad o no lo que Huggins experimentó pasa a ser irrelevante en un documental que nos invita, simplemente, a atestiguar su peculiar historia y cómo los supuestos encuentros se convirtieron en una expresión artística. Aunque ni sus relatos, ni el propio documental, son realmente impresionantes, vale la pena, y es fácil, escuchar a Huggins.

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