Cuando somos niños, el mundo es un lugar inmenso, lleno de posibilidades, lugares para esconderse, juegos y… soledad. Sí, la niñez es una etapa en la que somos ermitaños en medio de un mar de gente que nos dice qué hacer y cómo.

Las cosas no mejoran cuando nos volvemos adolescentes. Nos volvemos versiones mutantes de nosotros mismos: pelo en donde no había, extremidades que crecen a distintas velocidades, voces distintas y una confusión generalizada en torno a todo. Además de ello, intentamos “encontrarnos” a nosotros mismos. Spoiler alert: veinte años después, tampoco te encuentras.

Esa soledad es la que sigue a Verónica, conocida en nuestro país como La Posesión de Verónica, el más reciente proyecto de Paco Plaza, quien junto a Jaume Balagueró, nos demostró que el cine de horror en español puede ser divertido, novedoso e igual o más atemorizante que el anglo.

Sinopsis

Basada en el denominado Expediente Vallecas, donde una joven comienza a adentrarse en el mundo del ocultismo para tratar de contactar con su padre, recientemente fallecido. Narra cómo una joven que debe proteger a sus hermanos pequeños, después de que intentaran comunicarse con el espíritu de su padre muerto a través de la Ouija, el día que se presenta un eclipse de sol…

Reseña

Atención: si estás esperando una película con sustos repentinos que se pueden adivinar totalmente por la música de fondo, llegaste al lugar equivocado. Hay muchas opciones para ese tipo de horror. Si quieres ver El Exorcista, pues eso, ve El Exorcista. Paco Plaza nos entrega un relato que, a pesar de estar basado en diversos casos sobrenaturales, particularmente el conocido Caso Vallecas, nos da un grado de intimidad inusual en una película de género. Plaza tenía la edad de Verónica, nuestra valiente protagonista, en los 90, la era en la que se desarrolla la cinta, así que mucho de la vida cotidiana del director ha quedado impregnado en la historia.

En La Posesión de Verónica hay escenarios que son universales en Hispanoamérica: la hija mayor de una mujer sola tiene que convertirse en la cuidadora oficial de sus tres hermanos, mientras su madre trabaja en un bar. Vestirlos, alimentarlos, llevarlos a la escuela, asegurarse de que hagan la tarea y de que estén a salvo. Ese empujón de madurez acelera el paso de Verónica a la vida adulta, que ya había iniciado de manera cronológica, a juzgar por las miradas de los hombres que empiezan a notar su presencia. Esa transformación que ya hemos mencionado, junto con los tormentos regulares de la adolescencia, la han convertido en una “chica rara”.

Los raros, los nerds, los frikis, tuvimos mucha suerte en los 90. El interés por lo sobrenatural era palpable: ¿Y usted qué opina?, el programa conducido por Nino Canún, se volvió obligado. Hubo emisiones que duraron hasta el amanecer del día siguiente. Ovnis. Fantasmas. Escépticos contra creyentes. Al mismo tiempo, diversas editoriales lanzaron todo tipo de revistas y coleccionables que tenían que ver con ese mundo intangible. Había figuras, pequeñas enciclopedias con casos inexplicables y, desde luego, las ouijas.

Una de esas ouijas va a parar a manos de Verónica. Ansiosa por anclarse en algún lado, por conocer de dónde viene, para encontrarse, decide reclutar a una amiga para invocar el espíritu de su padre. Una tercera chica se les une y, al tiempo que sucede un eclipse solar, las tres invocan al que creen es el espíritu del padre de Verónica. La sesión termina de manera siniestra, pero en ese sopor que vivimos cuando somos adolescentes, todavía entre la magia de la niñez y lo gris de la vida adulta, las jóvenes lo dejan pasar, temerosas de ser castigadas por las monjas de su colegio.

A partir de ese momento, la vida de Verónica se llena de fenómenos inexplicables: cosas que parecen moverse a voluntad, sueños extraños, voces en la noche. Presencias que no se ven, pero que puedes sentir en la nuca, justo en un punto ciego, pero que te erizan la piel. Sin embargo, al mismo tiempo tiene que seguir con sus tareas rutinarias. Todo ello la hunde en una soledad aún mayor, en un silencio ensordecedor que solo puede atacar de una manera: escuchar la voz de Enrique Bunbury y los acordes de Héroes del Silencio.

Mientras los sucesos paranormales siguen acumulándose y la amenaza de daño permanente se extiende a sus carismáticos hermanos, Verónica se da cuenta de que su soledad no es solo emocional: los adultos a su alrededor no hacen caso de sus súplicas. De hecho, tampoco las pocas amigas que tiene.

Pero ¿es real lo que está sucediendo o está solo en la mente de la chica?

El caso Vallecas es famoso por ser el único en España en el que se señala que el detective a cargo presenció momentos que no podía explicar. La película está inspirada por esos sucesos, aunque no deberían esperar una traducción literal. La atmósfera de la década de 1990 es innegable y universal. El mundo de Verónica es tenebroso y solitario, además de tremendamente empático. Esa es tal vez su mayor fortaleza: los freaks de más de 35 sabemos quién es la chica, porque nosotros fuimos esa chica alguna vez. Los adolescentes y jóvenes raros de esta generación, de esta legión mórbida que somos, también la conocen, porque también han sido ella. Por eso funciona, por conexión eterna que tenemos en medio de la oscuridad.

 

La Posesión de Verónica (Verónica)

Elenco Sandra Escacena, Ana Torrent, Leticia Dolera

Dirigida por Paco Plaza

Distribución Amarok Films

 

Lo destacable

  • La actuación de los niños. Es tan natural que se olvida que estás viendo una película
  • Dos palabras: Hermana Muerte. Muchos pedirán un spinoff de este personaje
  • La atmósfera de los 90, mejor lograda que en otras cintas en cartelera

La Posesión de Verónica se estrena el 6 de octubre y tiene el sello de calidad Mórbido.

 

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