Por Eric Ortiz García

El bullying sigue siendo un tema relevante para los autores cinematográficos, prueba de ello es que Fantastic Fest programó un par de cintas que lidian con este complicado tema.

La primera fue Mon Mon Mon Monsters de Taiwán, sobre un jovencito, Lin Shu-wei, que es bulleado sin compasión por sus compañeros y de alguna forma hasta por su propia maestra. Acusado injustamente de haber robado dinero, este chico es “sentenciado” a ayudar a los ancianos, aunque no estará solo ya que sus bullies tendrán que hacer esta labor.

Mon Mon Mon Monsters introduce su elemento fantástico para explorar una interesante noción, la cual curiosamente también está presente en la otra cinta en cuestión: Pin Cushion, producción británica que sigue a una adolescente y a su madre mientras tratan de adaptarse, sin mucho éxito, a su nuevo pueblo.

En ambos filmes los jóvenes protagonistas parten como marginados sociales, pero muy pronto son integrados a un grupo de amigos populares, aunque dicha aceptación es, ciertamente, más superficial y tóxica que otra cosa. Mon Mon Mon Monsters incluso convierte a su personaje central en un bully, una vez que él y sus “amigos” encuentran a un monstruo y -para no tener problemas con la autoridad- deciden secuestrarlo. En esta película aparecen un par de hermanas monstruosas que se comen a los humanos, particularmente a los ancianos, aunque aquí en realidad fungen como víctimas de los crueles niños.

En un acto de supervivencia, el protagonista prefiere unirse a los bullies cuando deciden torturar seriamente a la niña monstruo. Así Mon Mon Mon Monsters deja en claro que el bullying proviene en muchas ocasiones del dolor, sin olvidar resaltar lo confuso que puede ser crecer. La bondad de Lin Shu-wei no está en duda, aunque él tampoco titubeará cuando es tiempo de cambiar y optar por la malicia que inicialmente lo hizo sufrir.

Continuando con esa idea de que el daño nunca podrá remediarse del todo, Pin Cushion es más sutil pero también cuenta con momentos verdaderamente contundentes. En este filme no existe un aspecto fantástico, más allá de esas secuencias en la que vemos cómo la chica protagonista, Iona, se imagina una mejor situación de vida.

El relato coming-of-age confuso y doloroso se hace presente por medio de la niña, pero lo curioso es que el caso de la mamá, Lyn, de igual forma tiene que ver con la soledad y el anhelo por encajar en la sociedad. Todo el conflicto se ve reflejado en las acciones de ambas; la jovencita, por ejemplo, hace cualquier cosa -como acelerar su despertar sexual o cambiar totalmente su carácter- para quedar bien con sus “amigas”, mientras que la madre se ahoga en un vaso cuando una vecina no le quiere regresar una escalera que le prestó, algo absurdo que expone su total inseguridad e incapacidad para socializar.

Tanto Mon Mon Mon Monsters como Pin Cushion encuentran la liberación de sus personajes victimizados de la manera menos condescendiente -en ambos casos con grandes tintes de venganza y tragedia-, porque las cicatrices del bullying jamás se podrán cerrar de la noche a la mañana.

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