Por Eric Ortiz García

Gilbert Gottfried -conocido por su show de stand up, sus películas con Eddie Murphy, su participación en la cinta animada Aladdin y por haberle prestado su voz al famoso pato de Aflac-, es considerado como uno de los comediantes más alocados, obscenos y extraños, además de ser favorito de sus propios colegas como Penn Jillette y Jay Leno.

Un “comediante para los comediantes”, Gottfried también se ha caracterizado a lo largo de su extensa trayectoria por mantener su vida lo más privada posible, así que el único objetivo inicial del documental Gilbert era conocer un poco del hombre detrás del personaje cómico, mediante un acercamiento a su presente y la clásica indagación a su pasado (sus orígenes en Brooklyn con sus dos hermanas son expuestos, entre otras cuestiones).

Durante la última década, Gottfried ha estado en un periodo de su vida en el que muchos, empezando por él mismo, nunca se imaginaron verlo debido a su forma de ser: como hombre de familia, casado con una mujer que lo ama (Dara Kravitz), y con dos pequeños hijos. Aunque ciertamente la naturaleza excéntrica de su protagonista está intacta (no es gratuito que sus amigos digan que es un hombre verdaderamente tacaño, por ejemplo), el documental se siente continuamente como una mirada a esa cotidianidad de un famoso que está totalmente alejada al llamado “showbiz”.

De hecho, la vida profesional de Gottfried nunca se ha separado de sus orígenes, algo que no es para nada extraño entre los comediantes de stand up.  Lejos del glamour de Hollywood, gran parte del tiempo de Gottfried continúa estando en esos viajes en carretera que lo llevan de ciudad a ciudad, de club en club, para llegar a los extraños que pagan un boleto buscando reírse con un show en vivo.

Al repasar la carrera de Gottfried -hay suficiente material de archivo y grabaciones de su actual show de stand up-, es inevitable que el filme toque momentos complicados, por ejemplo las controversias que vivió luego de hacer chistes de mal gusto sobre el 9/11 y el tsunami que azotó a Japón en 2011. Empero, es justo ahí, en la comedia que no cualquiera se atrevería a hacer, donde entendemos la importancia de alguien como Gottfried; no, el documental no pretende decir que el comediante jamás se ha equivocado, pero sí que la risa es algo que necesitamos incluso en los momentos más improbables.

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